¿Más dinero, más bistec?
Los números son claros: cada mexicano se está echando al plato 13.5 kilos más de productos cárnicos que hace cinco años. Según el Consejo Mexicano de la Carne (Comecarne), pasamos de 71.2 kilos por persona en 2020 a niveles que no especifican para 2025. Un aumento promedio de casi 3 kilos anuales.
La explicación oficial es sencilla y hasta bonita: la expansión de programas sociales y el aumento del salario mínimo. Más dinero en el bolsillo, más proteína en la mesa. Suena lógico, ¿no?
“El incremento refleja que los mexicanos buscan alimentos nutritivos y de calidad”,
declaró Francisco Jaraleño Lara, presidente del Comecarne. Claro que lo diría. Es su negocio.
Los datos que no ves
La información viene del SIAP y la Aduana Nacional. Son fuentes oficiales, nadie lo discute. Pero aquí va mi escepticismo profesional: un comunicado de prensa no es un análisis socioeconómico.
¿De verdad ese aumento se debe solo a buscar calidad? ¿O será que, con los precios disparados de todo, la proteína animal sigue siendo percibida como la opción segura y accesible para muchas familias? La memoria es corta, pero los estudios sobre hábitos alimentarios bajo presión económica no mienten.
Celebrar el crecimiento del consumo sin preguntarse por su distribución, su impacto en la salud pública a largo plazo o las condiciones de producción es hacerle el juego al relato fácil. El Comecarne cumple su función: vender más carne.
A nosotros nos toca leer entre líneas. Siempre.




