La presión sube junto al precio del barril
El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, no oculta su frustración. Sus aliados europeos se niegan a involucrarse más en la guerra contra Irán, y él les lanza una advertencia directa: que “conseguir su propio petróleo”. La frase no es casual. Llega cuando el galón de gasolina supera los 4 dólares en EE.UU. y el conflicto ya suma más de 3.000 vidas.
Una línea roja llamada Ormuz
¿Por qué esta tensión? El control iraní del estrecho de Ormuz es la clave. Por ese canal pasa una quinta parte del petróleo mundial. Cualquier amenaza ahí se traduce en miedo, desabastecimiento y precios disparados. El crudo ya supera los 107 dólares por barril.
Francia, España e Italia han dicho ‘no’. Se han negado a permitir que aviones y activos militares estadounidenses operen directamente desde sus territorios para acciones vinculadas a esta guerra. Esa resistencia es la que ha encendido los ánimos en Washington.
“Conseguir su propio petróleo”
— Donald Trump, presidente de EE.UU., dirigiéndose a aliados europeos.
Mientras tanto, el campo de batalla se expande. Los ataques recientes incluyen bombardeos estadounidenses sobre Isfahán y un ataque con dron iraní a un petrolero kuwaití en el golfo Pérsico. En Irak, la situación es volátil: una periodista estadounidense fue secuestrada y milicias apoyadas por Irán continúan atacando instalaciones norteamericanas.
Trump ha ido más allá en sus advertencias. Si no se alcanza un alto el fuego, no descarta ordenar ataques contra la isla de Kharg y otras infraestructuras petroleras estratégicas iraníes. Incluso ha mencionado el posible uso de fuerzas terrestres.
La escalada es regional. Israel y Estados Unidos han lanzado operaciones en Irán y Líbano. En Dubái, un dron impactó un petrolero; en Arabia Saudita, interceptaron misiles hacia su capital.
El resultado es una tormenta perfecta: miles de muertos, millones desplazados y una inestabilidad que sacude los cimientos del mercado energético global. La pregunta ahora es quién cederá primero: los aliados europeos bajo presión o una administración estadounidense decidida a forzar su juego.




