Pocos días después de que comenzaran los enfrentamientos entre Estados Unidos, Israel e Irán, el veterinario Reza Kiamarzi escaló acantilados cerca de Isfahán. Buscaba nidos de halcones sacre y peregrinos, aves amenazadas cuya temporada de cría coincidió con los bombardeos. “Es una larga ascensión. Luego escalamos rocas para llegar a los nidos”, dijo.
Irán alberga una biodiversidad única: desde bosques húmedos del Caspio hasta zonas áridas del golfo Pérsico. Al menos 86 especies están en riesgo, según el Departamento de Medio Ambiente: el guepardo asiático, el gamo persa, el leopardo, el oso pardo y aves rapaces, entre otras. El país es una parada migratoria clave entre Eurasia y África.
Iman Ebrahimi, de la ONG AvayeBoom, alertó: “Es una gran incógnita cuánto más podremos trabajar. Estamos a la expectativa”. El conflicto agrava la crisis económica. La moneda iraní perdió más de la mitad de su valor en un año, lo que impulsó el contrabando de halcones hacia el golfo Pérsico. Irónicamente, en paz las zonas militares servían de refugio contra cazadores furtivos.
Jamshid Parchizadeh, experto en grandes carnívoros, teme que los ataques aéreos dañen hábitats de guepardos y leopardos: “Degradan el suelo, contaminan el agua y destruyen la vegetación”. Añadió: “Los bombardeos ahuyentan a los osos y leopardos para siempre”.
Conservación pese a todo
AvayeBoom ha operado durante una década en montañas, desiertos y humedales. Pero las sanciones impiden recibir donativos internacionales. “Lo que más nos preocupa es que la crisis económica haga que la protección ambiental deje de ser prioridad”, dijo Ebrahimi.
Una fotógrafa de vida silvestre, que pidió anonimato por seguridad, dejó de tomar imágenes en el golfo Pérsico. “Uno de los peligros es que la gente pierda su conexión con la naturaleza”, señaló. Planea retomar su trabajo si la tensión no escala.
Pese a todo, AvayeBoom logró avances. En el área protegida de Arjan, una campaña con talleres y murales del tarro canelo —ave acuática de plumaje naranja— aumentó la conciencia local. “La mayoría de la gente consideraba muy importantes el medio ambiente y los humedales”, afirmó Fateme Kazemi, directora de la ONG.
“Nuestras puertas no se han cerrado y hemos continuado con nuestro trabajo”, concluyó Ebrahimi.




