El fenómeno tradwife ha encontrado en plataformas digitales a figuras como la española Rocío López Bueno (RoRo), quien promueve un ideal de domesticidad, cocina elaborada y estética de los años sesenta. Detrás de esta tendencia, que genera debate sobre roles de género, los esposos —principales beneficiarios directos de esta dinámica— permanecen casi invisibles para las audiencias.
El papel de los esposos
Especialistas en análisis cultural y sociología advierten que estas representaciones digitalizadas son un espejismo. Muchas creadoras facturan por contratos publicitarios sumas muy superiores a los ingresos de sus maridos, a quienes dicen servir. La figura del trad husband (esposo tradicional) se proyecta como un accesorio benéfico o proveedor financiero secundario. Este guion rígido genera dependencia mutua y perpetúa la ausencia de corresponsabilidad afectiva y doméstica.
A nivel global, la disparidad de interés es evidente: los perfiles de las creadoras acumulan decenas de millones de seguidores, mientras las cuentas de sus parejas registran un impacto mediático mucho menor, con discursos catalogados como planos o aburridos.
Sociólogos e investigadores lamentan que este tipo de contenido normalice relaciones desiguales entre los jóvenes y profundice la brecha de género en el reparto de tareas de cuidado, en un contexto donde las estadísticas de renuncia laboral femenina tras la maternidad continúan al alza.




