La Selección Inglesa superó múltiples obstáculos para llegar a las semifinales de la Copa del Mundo: kilómetros recorridos, la maldición en el Estadio Azteca, el calor y la humedad de Miami. Sin embargo, el técnico Thomas Tuchel asegura que el equipo no se conforma.
Hambre de gloria
Hace 60 años que Inglaterra no es campeona del mundo y ocho que no disputa una semifinal. En 2018 cayeron ante Croacia. Ahora, el respeto hacia Argentina es total, pero con la mira en la final.
“Estamos muy hambrientos por la siguiente victoria, respetamos a nuestro oponente y no hacemos los eventos del pasado más grandes de lo que son. Estamos emocionados, con mucha hambre y listos. Queremos dar el siguiente paso, nadie está satisfecho y esa es la mezcla perfecta para el resultado que queremos”, declaró Tuchel en conferencia.
Rivalidad extendida
El “elefante en el cuarto” es la Guerra de Malvinas y el antecedente de México 1986. Tuchel fue más intenso que Scaloni al hablar del tema, pero confesó que no lo trata con sus jugadores para no añadir presión mental.
“Los jugadores saben lo que significa este partido con tantos momentos icónicos. No es un partido más, pero como entrenadores nos enfocamos en lo que podemos influenciar. No hablamos de los eventos históricos. En sí mismo es un partido suficientemente icónico y la tensión es suficiente, no ayuda si nos involucramos emocionalmente”, mencionó.
Sin obsesión por las maldiciones
Finalmente, Tuchel descartó pensar en la estadística de que ningún técnico extranjero ha ganado el Mundial con una selección ajena.
“No es una motivación extra, no tengo esos objetivos. Soy muy competitivo y siempre trato de ser mi mejor versión cada día, ahí va mi energía”, concluyó.




