Internacional
Gibraltar y la UE firman un acuerdo post-Brexit tras años de forcejeo
Tras años de tensiones, el Peñón respira aliviado con un pacto que evita colas kilométricas y pasaportes malhumorados.

Por fin, paz en el Peñón (o algo parecido)
¡Alegría en las colas fronterizas! La Unión Europea y el Reino Unido —esos eternos enamorados en terapia de pareja post-divorcio— han logrado lo imposible: un acuerdo sobre Gibraltar sin que nadie tirara el té por la borda. Tras años de discusiones más enredadas que el cableado de unos auriculares guardados en el bolsillo, parece que Bruselas y Londres han decidido que, después de todo, es mejor dejar pasar a la gente sin revisarles el pasaporte como si fueran contrabandistas de chucherías.
Un hito “histórico” (o cómo vender lo obvio como revolucionario)
Maroš Šefcovic, el comisario de Comercio de la UE, anunció el pacto con el entusiasmo de quien descubre que el agua moja: “¡Un hito verdaderamente histórico!”. Claro, porque nada dice “progreso” como resolver algo que nunca debió ser un problema. Mientras tanto, el gobierno británico —que heredó este lío como quien hereda un mueble roto— se frota las manos diciendo que esto “resuelve el último gran problema del Brexit”. ¿El último? Bueno, hasta que aparezca el próximo, claro.
Y no podía faltar el toque épico de España, cuyo ministro de Exteriores, José Albares, calificó el acuerdo de “histórico”. Porque en política, todo es histórico hasta que deja de serlo. Lo cierto es que el pacto evitará que los 34.000 habitantes de Gibraltar —el 96% de los cuales votó por quedarse en la UE— tengan que enseñar el pasaporte cada vez que crucen a España para comprar pan. Un alivio, considerando que la mitad de la población lo hace a diario. Imaginen el caos: colas más largas que la lista de promesas incumplidas del Brexit.
¿Qué implica el acuerdo? (Spoiler: menos burocracia, más sonrisas forzadas)
Según la UE, el acuerdo eliminará barreras físicas y controles, lo que significa que, por fin, el flujo de personas y bienes será tan fluido como debería haber sido desde el principio. Eso sí, respetando las normas del mercado único, porque no todo iba a ser libertad y alegría. El comunicado oficial habla de “prosperidad compartida” y “relaciones constructivas”, que en cristiano significa: “Ya no nos vamos a poner zancadillas, pero seguiremos vigilándonos de reojo”.
El secretario de Relaciones Exteriores británico, David Lammy, no perdió la oportunidad de echarle la culpa al gobierno anterior: “Heredamos un desastre que ponía en peligro la economía de Gibraltar”. Vamos, lo de siempre: el clásico “yo lo arreglé, el otro lo estropeó”. Mientras, el ministro principal de Gibraltar, Fabian Picardo, celebraba la “certeza legal” que trae el acuerdo. O sea, que por fin sabrán si pueden seguir vendiendo sus famosos monos sin que les pongan un arancel por animal.
¿Moraleja? A veces, hasta los divorcios más amargos acaban con un “vale, nos vemos en Navidad”. Eso sí, sin olvidar quién se quedó con la vajilla.
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Internacional
Venezuela propone amnistía general tras la caída de Maduro
El gobierno anuncia una ley para liberar opositores, pero las cifras y las reacciones muestran un panorama complejo.

Una promesa de libertad que divide aguas
La presidenta encargada, Delcy Rodríguez, anunció este viernes un proyecto de ley de amnistía. Dice que busca liberar a dirigentes opositores, sindicalistas, periodistas y activistas detenidos por motivos políticos desde 1999.
“Que sea una ley que sirva para reparar las heridas que ha dejado la confrontación política… que sirva para reencauzar la justicia”, enfatizó Rodríguez ante magistrados.
La medida era una exigencia clave de la oposición, respaldada por Estados Unidos. El pedido se intensificó después de que fuerzas estadounidenses capturaran al depuesto Nicolás Maduro el 3 de enero.
Las cifras no cuadran
Rodríguez afirma que su gobierno ha liberado a más de 600 personas. Pero el Foro Penal, una organización civil prestigiosa, tiene otros números.
Hasta el miércoles, contabilizaban 302 excarcelados y 711 personas aún detenidas por razones políticas. El gobierno niega que existan “presos políticos” y acusa a los detenidos de conspirar.
“Una amnistía general es bienvenida siempre que… no se convertirá en un manto de impunidad”, declaró Alfredo Romero, presidente del Foro Penal.
La líder opositora María Corina Machado fue más directa. Dijo que estas acciones no se tomaron “voluntariamente, sino en respuesta a la presión real” de Estados Unidos.
Un símbolo que cambia de cara
Lo más sorprendente fue el anuncio del cierre de El Helicoide. Este centro del SEBIN ha sido denunciado por años como un lugar donde se violan derechos humanos.
“Las instalaciones del Helicoide… se convertirán en un centro social, deportivo, cultural y comercial”, indicó Rodríguez.
Familiares de presos vieron el discurso en sus celulares frente al edificio. Algunos lloraban. Muchos coreaban: “¡Libertad! ¡Libertad!”.
El proyecto excluirá a condenados por homicidio, tráfico de sustancias prohibidas y violaciones graves a derechos humanos. Rodríguez pidió al Alto Comisionado de la ONU verificar las listas para acabar con discrepancias.
Pero las autoridades no han dado nombres ni números concretos. Grupos defensores buscan pistas en medio de la angustiosa espera familiar.
Machado recordó que hay personas detenidas desde hace un mes hasta 23 años. Para ella, cuando desaparece el miedo se liberan las fuerzas democráticas. Y eso significa el fin de lo que llama tiranía.
Mientras tanto, Venezuela intenta escribir un nuevo capítulo sobre viejas heridas. La pregunta es si esta ley será realmente una página en blanco o solo otro párrafo en un conflicto sin fin.
Internacional
Starmer apuesta por China pese a advertencias de Trump
El primer ministro británico busca negocios en China mientras Trump advierte y legisladores rechazan acuerdos sobre sanciones.

La visita de Starmer a Beijing: negocios, advertencias y una polémica sanción levantada
Keir Starmer aterrizó en Shanghái con una misión clara: abrir puertas para las empresas británicas. Lo hizo acompañado de más de 50 líderes empresariales, en la primera visita de un primer ministro del Reino Unido a China en ocho años. El mensaje era económico, pero el contexto era pura geopolítica.
Horas antes, desde Washington, Donald Trump soltó una advertencia. Dijo que era “muy peligroso” que el Reino Unido hiciera negocios con Beijing. Starmer intentó quitarle hierro al asunto, sugiriendo que las críticas de Trump iban más dirigidas a Canadá.
“No creo que sea prudente que el Reino Unido esconda la cabeza en la arena”, afirmó Starmer a Sky News. “China es la segunda economía más grande del mundo… hemos abierto muchas oportunidades para la creación de empleos y riqueza”.
El gesto concreto: sanciones levantadas
Tras reunirse con Xi Jinping, Starmer anunció un logro concreto. China levantaría la prohibición de viaje impuesta a varios legisladores británicos. Esas restricciones se habían establecido después de que el gobierno conservador anterior sancionara a funcionarios chinos por los informes sobre los uigures en Xinjiang.
“La respuesta de los chinos es que las restricciones ya no se aplican”, dijo Starmer a ITV News.
Pero el acuerdo no sentó bien a todos. Los propios legisladores sancionados, incluido el exlíder conservador Iain Duncan Smith, salieron al paso con un comunicado contundente.
“Preferiríamos permanecer bajo sanción indefinidamente que tener nuestro estatus utilizado como moneda de cambio”, declararon siete parlamentarios.
La sombra de Trump y el tablero global
Mientras Starmer hablaba de oportunidades, Trump insistía en su narrativa. “No puedes ver a China como la respuesta”, sostuvo el expresidente estadounidense. Sus palabras reflejan la tensión constante entre Occidente y Beijing, donde cada movimiento comercial se lee en clave política.
Starmer y otros líderes, como el primer ministro canadiense Mark Carney, visitan China buscando alternativas. Muchas economías siguen resentidas por los aranceles de la era Trump y necesitan diversificar mercados. Pero cada gesto de acercamiento viene con un coste político, como demuestra la polémica por las sanciones.
La visita dejó claro que hacer negocios con China en 2026 es caminar sobre un campo minado diplomático. Se firman declaraciones de “asociación estratégica”, pero las heridas recientes —Xinjiang, Taiwán, la rivalidad tecnológica— no se borran con un apretón de manos. Starmer consigró su foto con Xi y promesas comerciales, pero también despertó viejos fantasmas y nuevas críticas en casa.
Al final, el viaje resume la dicotomía actual: la necesidad económica empuja hacia Beijing, mientras la política tira en direcciones opuestas. Y en medio, legisladores que se niegan a ser fichas de cambio en un juego mucho más grande.
Internacional
Sudáfrica e Israel expulsan diplomáticos en escalada bilateral
Sudáfrica e Israel expulsan diplomáticos en escalada de tensiones por el caso de genocidio en Gaza ante la ONU.

Una expulsión que no viene sola
Sudáfrica ordenó este viernes al viceembajador israelí, Ariel Seidman, abandonar el país en 72 horas. Lo declararon persona non grata tras acusarlo de usar redes sociales para insultar al presidente Cyril Ramaphosa y violar protocolos diplomáticos.
Horas después, Israel respondió con la misma moneda. Expulsó al diplomático sudafricano Shaun Edward Byneveldt y le dio el mismo plazo para irse.
El Ministerio de Relaciones Exteriores de Sudáfrica explicó que la expulsión “sigue a una serie de violaciones inaceptables de las normas y prácticas diplomáticas que representan un desafío directo a la soberanía”.
Relaciones al límite
Este intercambio no es casual. Las relaciones ya estaban rotas desde que Sudáfrica llevó a Israel ante la Corte Internacional de Justicia por genocidio en Gaza. Israel niega las acusaciones y acusa a Sudáfrica de ser “el brazo legal” del grupo Hamás.
Seidman era el diplomático israelí de mayor rango allí desde que Israel retiró a su embajador en 2023. Sudáfrica también aleja incumplimientos en informar sobre visitas oficiales israelíes.
La comunidad judía local criticó la medida. Karen Milner, presidenta de la Junta de Diputados Judíos, dijo que era “una medida drástica” basada en “unos pocos tuits”.
Ahora todos miran a Washington. Estados Unidos, aliado clave de Israel, ya ha sido crítico con Sudáfrica durante la administración Trump. El año pasado incluso expulsaron al embajador sudafricán por comentarios sobre el movimiento Make America Great Again.
Esta escalada parece otro capítulo en una grieta que se hace más profunda cada día. Y cuando los diplomáticos empacan maletas, nunca es buena señal.

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