Un adiós que huele a conflicto
Lorena Josefina Pérez Romo presentó su renuncia al Órgano de Administración Judicial este 6 de enero. Solo cuatro meses en el cargo y se va entre rumores no confirmados de irregularidades económicas y choques con Néstor Vargas, el titular del organismo.
Lo curioso es que nadie sabe nada. O eso dicen.
Tanto el presidente del OAJ como el de la Suprema Corte, Hugo Aguilar, afirmaron desconocer los motivos de la renuncia.
Claro. Porque en las altas esferas del poder siempre son tan transparentes.
La reforma que lo cambió todo
Esto no es casualidad. La reforma judicial de López Obrador partió en dos al viejo Consejo de la Judicatura. Le quitó poder a la presidencia de la Corte y se lo dio al OAJ para que administre el dinero y nombre jueces.
Ahora, con un puesto vacante, la pelea por llenarlo es en realidad una batalla por el control real del Poder Judicial. La estabilidad brilla por su ausencia.
Fuentes cercanas al tribunal lo dicen claro: los conflictos privados ya son debates públicos en el pleno de la Corte. La ministra Lenia Batres, por ejemplo, ignoró precedentes al no incorporar las opiniones de sus colegas en un proyecto.
El consenso se volvió un recuerdo lejano.
El nuevo tablero de poder
Ahora todos miran quién ocupará esa silla caliente. Suenan dos nombres:
- Greysi Muñoz, cercana al presidente de la Corte Hugo Aguilar.
- Natalia Téllez, magistrada anticorrupción vista como independiente.
La elección definirá el equilibrio interno. ¿Más control para un grupo? ¿O una apuesta por la independencia?
Mientras tanto, las declaraciones oficiales repiten el mismo disco rayado: no saben nada, no hay presiones externas, todo está bien. La opacidad del proceso tiene inquieto al gremio judicial, que espera—quizás ingenuamente—una selección transparente.
Pero cuando el poder está en juego, la transparencia suele ser lo primero que se pierde.




