Justo el día que no podía fallar
Y sin embargo, lo hizo. En plena segunda quincena de enero, cuando medio país necesita mover su dinero, la aplicación de Santander decidió tomarse un descanso. Clásico timing bancario.
Los reportes empezaron a llover desde la mañana. Usuarios atrapados fuera de sus cuentas, recibiendo el insulto digital de que “su teléfono no contaba con conexión a internet”. Como si el problema fuera nuestro plan de datos y no su servidor hecho trizas.
“Estamos presentando una intermitencia en nuestra app Santander. Nuestro equipo técnico ya se encuentra revisando el incidente. Lamentamos los inconvenientes ocasionados”
Eso publicó el banco en redes. “Intermitencia”. Bonito eufemismo para un colapso total que, según Downdetector, escaló desde el mediodía y se concentró en el 96% de los casos en imposibilidad de iniciar sesión.
Un mapa nacional del desastre
No fue un tropiezito local. El mapa de calor muestra focos rojos ardientes en la CDMX y Estado de México, sí, pero también en Jalisco, Nuevo León, Mérida y Tijuana. Una afectación con sello nacional.
El resto de los problemas? Pagos con tarjeta y acceso web personal tambaleándose. Santander promete que el servicio se reactivará “a lo largo del día”. Mientras tanto, la quincena espera.
Porque claro, estas cosas nunca pasan un martes cualquiera. Siempre es el viernes de pago. La memoria colectiva es corta, pero los patrones bancarios son predecibles como un reloj descompuesto.




