La llamada urgente para desactivar una bomba
El teléfono sonó entre México y Washington. Del otro lado, Marco Rubio. Del nuestro, el canciller Juan Ramón de la Fuente. No era un saludo protocolario. Era una misión de alto voltaje ordenada por la presidenta Claudia Sheinbaum.
La razón tiene nombre y apellido: Donald Trump. Su última orden ejecutiva amenaza con imponer aranceles brutales a cualquier país que provea combustible a Cuba. Y México, históricamente solidario, está en la mira.
“Ver los alcances, porque tampoco queremos poner en riesgo a nuestro país”, advirtió Sheinbaum.
La instrucción fue clara: contactar al Departamento de Estado para medir el verdadero alcance de esta jugada. No es solo comercio. Sheinbaum lo ve como un detonante potencial.
Una crisis humanitaria en ciernes
Para la presidenta, esto va más allá de tasas aduanales. Lo que está en juego es algo mucho más frágil: la vida diaria en la isla.
“Podría desencadenar una crisis humanitaria de gran alcance, afectando directamente a hospitales, alimentación y otros servicios básicos”, declaró desde Tijuana.
Su argumento es contundente. Cortar el suministro de petróleo es como cerrar el oxígeno a un paciente. Los hospitales se apagarían, la comida no llegaría, el caos sería inevitable. Por eso el principio rector es claro: solidaridad con el pueblo cubano.
Pero aquí está el delicado equilibrio mexicano. Hay que ayudar sin quemarse. La diplomacia, no la confrontación, es el camino elegido.
“Buscar distintas maneras de apoyar… siempre buscar las vías diplomáticas”, insistió Sheinbaum.
La llamada De la Fuente-Rubio es solo el primer movimiento en este tablero complejo. México busca alternativas creativas para sortear la prohibición y llevar ayuda sin enfrentarse directamente con su poderoso vecino.
Es un acto de malabarismo político. Defender una tradición histórica de apoyo a Cuba mientras se protegen los intereses nacionales de represalias económicas. El canciller tiene la difícil tarea de traducir esa solidaridad en un lenguaje que Washington entienda.
El guion aún se está escribiendo. Sheinbaum prometió informar sobre los resultados de esta gestión diplomática. Mientras tanto, queda una pregunta flotando: ¿logrará México encontrar esa ruta estrecha entre el principio y la pragmática? El teléfono, seguramente, volverá a sonar.




