Un parche ejecutivo en medio del caos
Donald Trump firmó el viernes lo que prometió: una orden ejecutiva para pagar a los empleados de la Administración de Seguridad en el Transporte (TSA). Lo hizo citando una “emergencia” que compromete la seguridad nacional. Pero esta medida es apenas un analgésico para un dolor de cabeza mucho mayor.
“El sistema de viajes aéreos de Estados Unidos ha llegado a su punto de quiebre”, declaró Trump en el memorando.
El verdadero problema, el cierre del Departamento de Seguridad Nacional (DHS), sigue ahí. Y este domingo alcanza los 44 días, batiendo el récord anterior. Miles de trabajadores federales siguen en la cuerda floja y los aeropuertos, al borde del colapso.
El Congreso, en punto muerto otra vez
Mientras Trump actuaba por decreto, el Capitolio volvía a paralizarse. El Senado aprobó un acuerdo de financiación para gran parte del DHS en una votación nocturna. Pero la Cámara de Representantes, controlada por los republicanos, lo rechazó de plano.
El presidente de la Cámara Baja, Mike Johnson, no se mordió la lengua:
“Esta maniobra que se hizo anoche es una broma”.
En su lugar, los republicanos aprobaron su propio proyecto para financiar todo el departamento hasta mayo. Johnson dijo haber hablado con Trump y contar con su apoyo. El problema es que los senadores ya se fueron de Washington para un receso de dos semanas.
Y el líder demócrata del Senado, Chuck Schumer, fue claro: cualquier plan alternativo de la Cámara Baja estaría “muerto al llegar al Senado”.
La raíz del bloqueo: inmigración
¿Por qué tanto lío? El meollo está en dos agencias: el Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE) y la Patrulla Fronteriza. Los demócratas se niegan a financiarlas si no hay cambios en las prácticas migratorias. Los republicanos se oponen a ese chantaje, como ellos lo ven.
Es un juego político peligroso con consecuencias muy reales. El líder demócrata Hakeem Jeffries insistió en que podrían resolverlo hoy mismo si Johnson permitiera votar el acuerdo del Senado.
Pero aquí estamos. Con una orden ejecutiva que pone un parche temporal, un Congreso dividido que no se pone de acuerdo y un récord histórico de cierre gubernamental que nadie celebra.




