El sí, pero…
Los coordinadores de los partidos de oposición en el Senado le dijeron ‘sí’ a la iniciativa presidencial para acabar con las pensiones millonarias de exfuncionarios. El voto a favor está ahí, listo para esta semana. Pero prepárense, porque el ‘pero’ viene grande y técnico.
Todos coinciden: es un escándalo que existan jubilaciones de hasta un millón de pesos al mes. Eso tiene que desaparecer. Sin embargo, la discusión real, la que va a dar guerra, no es el qué, sino el cómo.
El problema está en la fórmula
Aquí es donde los senadores sacan sus lápices rojos. La propuesta del gobierno quiere que el tope máximo de una pensión sea el salario de la presidenta de la República. Para la oposición, eso es un disparate técnico y jurídico.
Ricardo Anaya (PAN) fue directo:
“La iniciativa está hecha con las patas. Está muy mal planteada… si el día de mañana esta presidenta o quien sea presidente… decide subirse el sueldo, entonces aumentan las pensiones.”
Su crítica es simple: atar las pensiones al salario presidencial crea un mecanismo volátil y poco serio. Su propuesta es usar las UMAS (Unidades de Medida y Actualización), como ya se hace con las pensiones del ISSSTE e IMSS. Es decir, usar una regla fija, no un número que puede cambiar con un capricho presidencial.
El PRI, por su parte, también votará a favor. Manuel Añorve fue claro: “Siempre estaremos a favor de que las pensiones millonarias bajen”. Pero también lanzó su advertencia: hay que revisar el tema de la retroactividad para no violar la Constitución.
Mientras tanto, Movimiento Ciudadano pone el dedo en otra llaga. Clemente Castañeda advierte que esto no arregla el verdadero problema:
“El problema no está sólo en las pensiones estratosféricas, sino en el conjunto del sistema de pensiones”.
Para él, esto es un parche mediático que no aborda la fragmentación y la insostenibilidad financiera del sistema completo.
Así que ahí lo tienen. Todos están de acuerdo en el titular: se acabaron las jubilaciones de oro. Pero detrás del consenso hay una pelea por los detalles que podría diluir o torcer toda la reforma. La batalla por las pensiones se librará en los comités técnicos, no en los discursos.




