De la Lucha Social a la Diplomacia: Encinas y su Nuevo Rol en la OEA
Parece que el circuito de los funcionarios públicos en México es como una de esas series de Netflix que no saben cuándo terminar: siempre hay un spin-off. La última temporada nos trae a Alejandro Encinas Rodríguez, un nombre que suena más a académico serio que a estrella de la diplomacia, pero aquí estamos. Las comisiones unidas de Relaciones Exteriores y de Organismos Internacionales del Senado le dieron el visto bueno, lo que básicamente es el pase para que su nombramiento como el nuevo representante de México ante la Organización de Estados Americanos (OEA) sea discutido y votado en el pleno. Si todo sale según el guion, y en política rara vez lo hace, el exjefe de gobierno de la CDMX y exsubsecretario de Gobernación jurará su nuevo cargo como diplomático, cambiando (suponemos) el tráfico de la ciudad por el laberinto de las relaciones internacionales. Una transición que promete tanto como un trámite gubernamental un lunes por la mañana.
Al tomar la palabra, Encinas, con la serenidad de quien ha navegado aguas más turbulentas que un grupo de chat familiar, declaró que durante su gestión en la OEA, México seguirá abogando por la autodeterminación de los pueblos y el respeto a los derechos humanos. “Promoveremos el multilateralismo, la democracia, los derechos humanos, el combate a la trata de personas y el tráfico de migrantes“, afirmó. Vamos, una lista de deseos que suena como el menú de un restaurante de lujo en un mundo que solo puede pagar comida rápida. Pero hey, soñar no cuesta nada, y en la diplomacia, a veces es lo único que queda.
Señaló que velará por una perspectiva de género y contribuirá al fortalecimiento de la OEA, además de impulsar ese multilateralismo que promueve la democracia bajo el principio de igualdad y no discriminación. “Es necesario impulsar una diplomacia de Estado fundada en lo particular con una política exterior feminista que ha venido promoviendo el gobierno de México, una política humanista de protección y defensa de los derechos humanos y que ponga en el centro la dignidad de las personas y el desarrollo integral de todos los países de la región”. Suena bien, ¿no? Como ese plan de ejercicio que empezamos en enero y abandonamos en febrero, pero con más discursos y menos sudor.
La Agenda: Multilateralismo, Mirar al Sur y Gestionar Riesgos
Encinas desglosó lo que serán sus líneas de acción, que suenan más ambiciosas que intentar ordenar tu bandeja de entrada. “Una segunda tarea tendrá que ver con el fortalecimiento de la multilateralidad de nuestras relaciones y voltearemos al sur, no solamente al sur del continente sino particularmente al Caribe, países que son fundamentales en el fortalecimiento y operación de la Organización de Estados Americanos”. Básicamente, es la versión diplomática de “hay que darle like a los vecinos que siempre ignoramos”. Detalló que el tercer tema está vinculado con la agenda de riesgos a la seguridad de la región. Porque, seamos honestos, en esta época, los riesgos de seguridad son más variados y aterradores que los filtros de TikTok.
Y luego está el elefante en la sala, o mejor dicho, la tensión histórica entre el gobierno de México y la OEA, un drama que viene arrastrándose desde el sexenio pasado. Alejandro Encinas, con la honestidad de quien admite que hubo un problema en una relación tóxica, reconoció que “por supuesto que ha habido tensiones y esto tendremos que atenderlo con un trabajo para recuperar la legitimidad institucional de la OEA y particularmente de la Secretaría General”. Vamos, una misión de rescate diplomático que promete más intriga que un thriller político.
“Hubo tensiones importantes con el anterior secretario general, aunque también hubo momentos de reconocimiento en las resoluciones que organizó la OEA, por ejemplo cuando el lamentable incidente que llevó a las Fuerzas Armadas en Ecuador a violar la sede diplomática de nuestro país y que llevó a la ruptura de relaciones. Pero hemos tenido muy buenas relaciones con muchas de las áreas de la OEA, con la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, con todo el sistema de Derechos Humanos de la OEA, que ha reconocido de manera importante mucho del trabajo realizado en los temas vinculados a violaciones graves cometidas en nuestro país, en donde el Estado americano ha reconocido en muchas ocasiones su responsabilidad”. Es como decir: “sí, tuvimos nuestros desacuerdos, pero también hubo memes buenos en el grupo”. Un equilibrio delicado, sin duda.
Mientras Encinas se prepara para navegar estas aguas, las comisiones también aprobaron otros nombramientos, porque en la política, las noticias vienen en combo. Carlos Eugenio García de Alba Cepeda fue designado como embajador extraordinario y plenipotenciario de México en la República Federativa de Brasil, y Laura Elena Carrillo Cubillas, como embajadora extraordinaria y plenipotenciaria para que funja como representante permanente en México ante las agencias de la Organización de las Naciones Unidas con sede en Roma, Italia: la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), el Programa Mundial de Alimentos (PMA) y el Fondo Internacional de Desarrollo Agrícola (FIDA). Básicamente, el equipo diplomático mexicano está teniendo un día de esos en los que todos actualizan su LinkedIn a la vez.
En resumen, la designación de Encinas es un movimiento estratégico en el tablero de la política exterior mexicana. Llega con una agenda cargada de buenas intenciones, el bagaje de un funcionario experimentado y el desafío de recomponer una relación institucional que ha sido, como diríamos coloquialmente, “complicada”. Su capacidad para impulsar el multilateralismo, promover los derechos humanos con una perspectiva de género y fortalecer los lazos con el sur del continente será crucial no solo para la imagen de México en el ámbito hemisférico, sino para la efectividad misma de la OEA como foro de diálogo y acción colectiva. En un mundo donde la cooperación internacional es más vital que nunca, pero también más frágil, la gestión de Encinas será un termómetro interesante de hasta dónde puede llegar la diplomacia mexicana en tiempos de polarización y crisis globales entrelazadas. Su trayectoria en temas de derechos humanos y su conocimiento de la estructura gubernamental son activos valiosos, pero el escenario de la OEA es un beast completamente diferente, lleno de intereses contrapuestos y dinámicas de poder que pondrán a prueba toda su pericia.
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