Tecnología
Guía definitiva para realizar copias de seguridad en WhatsApp
Protege tus conversaciones y archivos multimedia de pérdidas definitivas con este procedimiento de seguridad esencial para tu cuenta.
La importancia estratégica de las copias de seguridad en WhatsApp
La aplicación de mensajería WhatsApp, propiedad de Meta Platforms Inc., implementa un sistema de respaldo de información que constituye una medida de protección fundamental para los usuarios. Esta funcionalidad permite salvaguardar el historial completo de conversaciones, transferencias de archivos y configuraciones asociadas a una cuenta específica. La relevancia de este procedimiento se manifiesta principalmente en escenarios de migración entre dispositivos móviles, pérdida o deterioro irreversible del hardware, donde la recuperación integral de los datos se convierte en una prioridad absoluta.
El mecanismo opera mediante la creación de duplicados automatizados que se almacenan en servicios de computación en la nube. Para dispositivos con sistema operativo Android, la plataforma de almacenamiento predeterminada es Google Drive, mientras que los dispositivos iOS utilizan la infraestructura de iCloud de Apple. Esta segmentación técnica responde a las particularidades arquitectónicas de cada ecosistema digital, optimizando los procesos de sincronización y restauración según las especificaciones del fabricante.
Beneficios estructurales y consideraciones de seguridad
La implementación periódica de estos resguardos informáticos trasciende la mera conservación de conversaciones textuales. Entre sus ventajas más significativas se encuentra la preservación del cifrado de extremo a extremo, protocolo de seguridad que garantiza la confidencialidad de las comunicaciones mediante técnicas criptográficas avanzadas. Este sistema asegura que solamente los interlocutores autorizados puedan acceder al contenido de los mensajes, estableciendo una barrera defensiva contra intrusiones externas y vulnerabilidades potenciales.
Adicionalmente, el procedimiento protege el amplio espectro de contenido multimedia intercambiado mediante la plataforma, incluyendo fotografías, material videográfico, archivos de audio y documentación diversa. La pérdida definitiva de estos elementos representa no solo un inconveniente práctico sino potencialmente un perjuicio emocional o profesional irreparable, particularmente cuando contienen recuerdos personales valiosos o información laboral crítica.
Los análisis técnicos recomiendan establecer una frecuencia de respaldo semanal como mínimo, aunque la periodicidad ideal varía según la intensidad de uso de la aplicación. La principal contrapartida identificada reside en el consumo significativo de capacidad de almacenamiento en la nube, un factor que los usuarios deben considerar al dimensionar sus suscripciones a estos servicios. No obstante, la balanza risk-benefit se inclina decisivamente hacia la implementación consistente de esta práctica preventiva.
Metodología para la configuración óptima del respaldo
La ejecución exitosa del proceso de protección de datos requiere el cumplimiento de tres prerrequisitos fundamentales: una cuenta activa en los servicios de Google Drive o iCloud según corresponda al sistema operativo; conectividad estable a una red WiFi para evitar consumir el plan de datos móviles; y disponibilidad de espacio suficiente tanto en el dispositivo como en la plataforma de almacenamiento en la nube seleccionada.
El procedimiento detallado se desarrolla mediante la siguiente secuencia operativa: acceder a la aplicación WhatsApp y seleccionar el ícono de tres puntos verticales ubicado en la esquina superior derecha de la interfaz; navegar hasta la sección “Ajustes” y posteriormente a “Chats”; activar la opción “Copia de seguridad” y elegir la cuenta de almacenamiento preferida; definir la frecuencia de ejecución automática entre las opciones disponibles (diaria, semanal, mensual); especificar si se incluirán archivos de video en los respaldos y determinar si se permitirá la ejecución mediante redes móviles; finalmente, habilitar la modalidad de cifrado de extremo a extremo adicional estableciendo una contraseña robusta o clave alfanumérica de 64 caracteres para maximizar la protección de los archivos respaldados.
La implementación metódica de este protocolo representa un componente esencial dentro de una estrategia integral de gestión de información personal digital. Su correcta configuración y mantenimiento periódico mitiga sustancialmente los riesgos asociados a la dependencia contemporánea de las plataformas de comunicación instantánea, transformando una potencial catástrofe informática en un simple contratiempo recuperable.
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Tecnología
X se desploma y deja al mundo sin su dosis de caos matutino
La red social X, antes Twitter, colapsó dejando a millones sin su dosis diaria de caos digital. Usuarios reportan problemas en la app y el feed.
X se desploma y deja al mundo sin su dosis de caos matutino
Bueno, bueno, bueno. Parece que el pájaro azul (o el equis, o lo que sea ahora) decidió tomarse un día libre. Y no uno cualquiera, sino un martes 13. ¿Coincidencia? Lo dudo mucho. La vibra estaba en el aire desde que nos despertamos.
Durante la mañana de este martes con mala suerte incorporada, la red social que antes conocíamos como Twitter y ahora es un enigma llamado X empezó a fallar más que mis propósitos de Año Nuevo. Y no fue algo localizado, oh no. Fue un apagón digital a nivel global que dejó a medio planeta preguntándose: “¿y ahora en qué aplicación pierdo mi tiempo productivo?”
El diagnóstico del desastre digital
Según los sabios de Down Detector (los verdaderos héroes sin capa de internet), el caos comenzó alrededor de las 7:50 AM. Justo cuando la mayoría revisa sus notificaciones con un ojo abierto y el otro aún soñando. Timing impecable, como siempre.
Los reportes llegaron más rápido que los memes sobre la situación (que, por cierto, también fallaron al no poder publicarse). Los usuarios – perdón, los “x-usuarios” – comenzaron a reportar de todo:
- La aplicación funcionando como yo los lunes por la mañana: con cero ganas
- El feed más vacío que mi cuenta bancaria después de pagar el alquiler
- Problemas para recargar la página que nos recordaron los tiempos dial-up
- Conexiones al servidor más inestables que mi salud mental durante temporada de exámenes
“Ni siquiera puedo ver los tweets absurdos que normalmente me arruinan la concentración”
- Probablemente tú, yo y medio internet esta mañana
Cuando el caos encuentra un vacío (digital)
Lo más divertido – si es que podemos usar esa palabra – fue ver cómo reaccionó la gente ante este apocalipsis de primer mundo. Las quejas inundaron… otras redes sociales, porque claro, ¿dónde más vamos a quejarnos de que una red social no funciona?
La frustración era palpable incluso a través de las pantallas. Gente acostumbrada a su dosis diaria de discusiones políticas absurdas, memes rancios y videos de gatitos se encontró repentinamente con… silencio digital. O peor aún: con tiempo para pensar en sus vidas.
El impacto fue tan real que muchos tuvieron que recurrir a métodos arcaicos para comunicarse:
- Mensajes de texto (¡gasp!)
- Llamadas telefónicas (¿la gente todavía hace eso?)
- Hablar en persona (esta opción causó pánico generalizado)
Mientras tanto, en algún sótano oscuro de Silicon Valley (o donde sea que trabajen ahora), algún ingeniero debía estar sudando más que yo en una clase de yoga tratando de arreglar este lío.
Lo cierto es que estos momentos nos recuerdan nuestra dependencia digital patológica. Unas horas sin X/Twitter/lo-que-sea y ya estamos buscando desesperadamente alternativas como si fuera el fin del mundo. Nuestra capacidad para adaptarnos brilla tanto como la pantalla de nuestros teléfonos cuando recibimos una notificación.
Y mientras tanto, seguimos refrescando la página compulsivamente, esperando que vuelva ese caos organizado al que llamamos timeline. Porque admitámoslo: extrañamos el desastre.
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Tecnología
TikTok esquiva la guillotina con venta a consorcio estadounidense
TikTok se salva de la prohibición tras firmar un acuerdo para vender su operación en EE.UU. a un consorcio de inversores liderado por Oracle.
TikTok esquiva la guillotina (por ahora) con una venta de última hora
Bueno, parece que el apocalipsis digital para los amantes del baile viral se pospone. Después de años de incertidumbre que nos tenían a todos haciendo el Renegade del miedo, TikTok finalmente firmó el acuerdo para vender su operación en Estados Unidos. Los salvadores (o nuevos dueños, según se mire) son un trío de inversores: Oracle, Silver Lake y MGX. La noticia llega justo cuando el reloj marcaba la cuenta regresiva para que la app dejara de funcionar en enero de 2025.
Según un memorando interno al que tuvo acceso The Associated Press, el CEO Shou Zi Chew confirmó que ByteDance y TikTok han firmado acuerdos vinculantes con los tres inversores, y se prevé que todo se concrete el 22 de enero.
O sea, pasamos del “esto se va a prohibir” al “firmemos estos papeles” en tiempo récord. Un giro de trama digno de un TikTok dramático.
El nuevo reparto del pastel (y quién controla el algoritmo)
Aquí es donde se pone interesante. La nueva empresa conjunta será como una cena familiar complicada donde todos quieren sentarse a la cabecera de la mesa.
- Un 50% será propiedad del consorcio de nuevos inversores (Oracle, Silver Lake y MGX se reparten un 15% cada uno).
- Otro 30.1% será para los inversionistas existentes de ByteDance.
- Y ByteDance misma se queda con un 19.9%.
Pero lo más jugoso no es solo el dinero, sino el control. La empresa tendrá una nueva junta directiva de siete miembros, la mayoría estadounidenses, y estará sujeta a términos que, cito textualmente del memo, “protejan los datos de los estadounidenses y la seguridad nacional de Estados Unidos”. Suena bien, ¿no? Como cuando tu mamá te dice que va a “revisar” tu celular por tu propio bien.
La gran pregunta era: ¿y el algoritmo? Ese ingrediente secreto que nos recomienda videos de gatitos y coreografías imposibles a las 3 a.m. Pues será “reentrenado” con datos de usuarios estadounidenses para, otra cita del memo, “garantizar que el feed de contenido esté libre de manipulación externa”. Los datos mismos estarán almacenados localmente en un sistema gestionado por Oracle. Básicamente, le están poniendo un chip rastreador y entrenamiento especial al cerebro digital de TikTok.
Un drama político con más giros que un Challenge
Para entender por qué esto es tan grande, hay que retroceder. Esto pone fin a varios años de incertidumbre dignos de una telenovela política. El Congreso estadounidense aprobó una ley para prohibir TikTok si no encontraba un nuevo propietario que no fuera ByteDance, su matriz china. La fecha límite era enero 2025.
Y luego entró en escena Donald Trump, porque ¿qué drama moderno estaría completo sin él? En su primer día en el cargo (en esta nueva administración), firmó una orden ejecutiva para mantener TikTok funcionando mientras buscaban un acuerdo. Después vinieron tres órdenes ejecutivas más, extendiendo plazos como si fueran las stories de Instagram que no quieres que desaparezcan.
Hubo un momento en abril donde creyeron tener un pacto listo… hasta que China dio marcha atrás tras anuncios de aranceles del gobierno de Trump. Un auténtico “y yo qué soy, ¿un meme?” geopolítico.
La última orden, en septiembre, fue la que Trump dijo que permitiría a TikTok operar “de una manera que cumpla con las preocupaciones de seguridad nacional”. O sea, el final season tiene muchas temporadas aquí.
Al final, lo que tenemos es un respiro. La plataforma sobrevive, pero transformada. Ya no será totalmente china ni totalmente libre en su funcionamiento original. Es como cuando tu app favorita hace una actualización masiva: sigue siendo la misma… pero diferente. El caos y la irreverencia continúan, pero ahora con supervisión y servidores locales.
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Tecnología
De la silla de ruedas al espacio en un cohete de Jeff Bezos
Una ingeniera parapléjica cumple su sueño espacial con Blue Origin, desafiando límites y redefiniendo la accesibilidad más allá de la atmósfera.
De la silla de ruedas al espacio en un cohete de Jeff Bezos
Foto: Agencia AP.
Imagina esto: pasas siete años atrapado en una silla de ruedas tras un accidente de bicicleta de montaña. Tu sueño es flotar en el espacio, pero claro, “no hay historia de personas con discapacidades volando al espacio”, como tú misma reconoces. Y entonces, ¿qué pasa? Te llama un tipo que trabajó en SpaceX, te ofrece un viaje en el cohete de juguete de Jeff Bezos, y ¡puf! te conviertes en la primera usuaria de silla de ruedas en salir de la atmósfera. La vida, a veces, tiene un sentido del humor bastante literal.
Michaela Benthaus, una ingeniera alemana de 33 años, se rió “todo el camino hacia arriba” durante su vuelo suborbital del sábado con Blue Origin. La cápsula New Shepard se elevó a más de 105 kilómetros sobre el oeste de Texas —porque, ¿qué mejor lugar para lanzar cohetes que el patio trasero de Estados Unidos?— y ella intentó ponerse cabeza abajo en ingravidez. “Fue la experiencia más genial”, declaró después. Claro, cuando has estado confinada a una silla siete años, tres minutos flotando como un globo deben saber a gloria.
La logística (o cómo meter una silla de ruedas en una lata)
Lo más gracioso —o quizás lo más esperanzador— es que Blue Origin afirma que solo requirió “ajustes menores” para acomodarla. Porque sí, la cápsula fue diseñada con accesibilidad en mente. ¿Sus anteriores turistas espaciales? Personas con movilidad limitada, nonagenarios… vamos, el club social más exclusivo y variopinto del sistema solar.
Los ajustes menores incluyeron:
- Una tabla de transferencia para pacientes para deslizarse entre la escotilla y el asiento (¿alguien pidió un tobogán espacial?).
- Una alfombra en el desierto tras el aterrizaje para acceso inmediato a su silla (porque nada arruina más el momento que tener que arrastrarse por la arena).
- Un ascensor en la plataforma para subir los siete pisos hasta la cápsula (afortunadamente, Bezos no les hizo subir por las escaleras).
Benthaus ya había probado la ingravidez en vuelos parabólicos y participado en misiones simuladas. Pero cuando Hans Koenigsmann —el exejecutivo de SpaceX que organizó y patrocinó esto— la llamó el año pasado, pensó que era “un malentendido”. Spoiler: no lo era. Aceptó al instante. ¿Quién rechaza un viaje gratis al espacio pagado por un desconocido? Solo los muy prudentes.
El negocio del sueño (y los precios opacos)
Aquí viene lo bueno: no se revelaron los precios de los boletos. Por supuesto que no. Porque cuando eres el hombre más rico del planeta —o uno de ellos— y quieres enviar a una ingeniera parapléjica al espacio por razones que mezclan filantropía, marketing y capricho, lo último que quieres es que la gente empiece a hacer cuentas. Koenigsmann pagó. Blue Origin puso el cohete. Y todos felices.
Es una misión privada, sin participación de agencias espaciales —aunque la ESA tiene un programa de formación donde Benthaus participa—. Mientras tanto, la NASA autorizó a John McFall, un amputado británico, para un futuro vuelo a la Estación Espacial Internacional. Comparaciones odiosas: McFall usa prótesis y podría evacuar solo; Benthaus no puede caminar y necesitó que Koenigsmann y un ingeniero la bajaran “por el corto tramo de escaleras” tras el vuelo. Pero hey, ¿quién necesita independencia cuando tienes ingravidez?
“Uno nunca debe renunciar a sus sueños, ¿verdad?”, instó Benthaus tras aterrizar.
Su objetivo ahora es mejorar la accesibilidad en la Tierra. Irónico, ¿no? Tienes que salir al espacio para que te tomen en serio sobre mejorar las rampas aquí abajo. Dice que dentro de “mi burbuja espacial” recibe comentarios positivos, pero fuera no siempre es tan inclusivo. Vaya sorpresa.
El vuelo duró 10 minutos. La lista total de viajeros espaciales de Blue Origin subió a 86 personas —entre ejecutivos e inversores— porque nada dice avance humano como llevar millonarios al borde del espacio. Bezos fundó la compañía en 2000 y empezó los vuelos tripulados en 2021; ahora usan cohetes más grandes desde Florida y planean módulos lunares.
Mientras tanto Michaela Benthaus flotó cabeza abajo sobre Texas contemplando nuestro frágil planeta azul desde lo alto dejando atrás —literalmente— su silla por unos minutos gloriosos e ingrávidos demostrando quizás sin quererlo que los límites están donde decidimos ponerlos aunque cueste un dineral y ayuda externa alcanzarlos.
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