Rusia le dice “adiós” a FaceTime: la excusa es el terrorismo, el patrón es el control total
Parece que en el manual del Kremlin para 2025 hay un capítulo entero titulado “Cómo hacer que tu país sea el menos conectado del planeta, pero con estilo soviético 2.0”. Este jueves, las autoridades rusas anunciaron con toda la solemnidad del mundo que restringieron FaceTime, el servicio de videollamadas de la manzanita mordida. ¿La razón? Nada más y nada menos que alegar que la app es usada para planear actividades terroristas, reclutar malos y hasta para estafar a la abuelita rusa. Por supuesto, Apple, la dueña del circo, no ha dicho ni “pío”, probablemente demasiado ocupada decidiendo el nombre del próximo iPhone.
El protagonista de esta película de cibercontrol es, como no, Roskomnadzor, el regulador de internet que hace de hermano mayor orwelliano. Bajo el mandato de Vladímir Putin, este organismo se ha convertido en el DJ oficial que decide qué música (o información) puede sonar en la fiesta rusa. Su playlist favorita incluye leyes ultrarestrictivas, bloqueos a plataformas y una tecnología de vigilancia que daría envidia a los guionistas de ‘Black Mirror’.
De las redes sociales a los juegos: nada se salva del bloqueo ruso
La obsesión por el control digital no es nueva. Desde la invasión a gran escala de Ucrania en 2022, el gobierno ruso empezó su purge digital: Twitter, Facebook e Instagram se fueron al limbo de los bloqueados. El año pasado le tocó el turno a YouTube, con una ralentización deliberada que hicieron pasar por un problema técnico de Google. Clásico. Y aunque los más avispados intentan saltarse el muro con VPNs, estas herramientas también son cazadas y bloqueadas rutinariamente. Este verano, incluso, hubo apagones masivos de internet móvil, una medida que vendieron como “protección contra drones” pero que todos entendimos como otro paso en el manual del control absoluto.
Pero no se conforman con las redes. El gobierno también ha ido a por las apps de mensajería. En 2024, le pusieron el candado a Signal y a Viber. Este año, la prohibición llegó a las llamadas de WhatsApp y Telegram, las dos apps más usadas en el país. La justificación de Roskomnadzor siempre es la misma: se usan para actividades delictivas. Mientras tanto, promocionan con ahínco una app “nacional” llamada MAX, que los críticos no dudan en calificar como una herramienta de vigilancia masiva disfrazada de superapp, y que, oh sorpresa, no tiene cifrado de extremo a extremo y comparte tus datos con las autoridades si se lo piden. Nada como un espía en tu bolsillo.
Y por si alguien pensaba que los videojuegos eran un refugio, esta semana también bloquearon Roblox, una plataforma con casi ocho millones de usuarios mensuales en Rusia. La excusa: proteger a los niños de contenido ilícito y depredadores. Una jugada maestra para cortar otro canal de comunicación informal.
El futuro es predecible: más bloqueos para quien no se pliegue
Stanislav Seleznev, un experto en ciberseguridad, lo explica sin tapujos: la ley rusa considera a cualquier plataforma donde la gente pueda enviar mensajes como un “organizador de la difusión de información”. Esta etiqueta tan creativa obliga a las empresas a abrirle las puertas de par en par a Roskomnadzor y al FSB (el servicio de seguridad), para que puedan fisgonear en las cuentas de los usuarios. Quien no colabore, se arriesga al bloqueo. Seleznev señala que esta normativa es la que se ha aplicado tanto a Roblox como a FaceTime, y estima que posiblemente decenas de millones de rusos habían estado usando el servicio de Apple, especialmente después de las prohibiciones de WhatsApp y Telegram.
Su advertencia es clara y bastante deprimente: lo de FaceTime era “predecible”, y cualquier otro sitio o servicio que se resista a cooperar con las demandas del regulador “será bloqueado, eso es obvio”. El mensaje del Kremlin no puede ser más transparente: en la Rusia digital de hoy, o juegas con mis reglas, o no juegas. Punto.
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