La estrategia que busca devolverles la infancia
Las cifras son un puñal. En México, cuando una niña de entre 10 y 14 años queda embarazada, no es un “accidente”. Es, en la inmensa mayoría de los casos, la consecuencia brutal de un abuso sexual. Lo dice la Secretaría de las Mujeres. Lo gritan las estadísticas. Y ahora, el gobierno federal intenta responder con un programa que apunta directo al corazón del problema.
Se llama Estrategia Niñas y Adolescentes Libres y Seguras. Su misión es tan clara como urgente: transformar la realidad de las menores a través de prevención, justicia y un cambio cultural profundo. No es un plan general. Es un ataque quirúrgico.
Un mapa del dolor
El programa se concentrará en 50 municipios prioritarios. ¿Por qué esos? Porque son las zonas donde se identificó mayor incidencia de violencia sexual, embarazos en menores de 14 años y uniones forzadas.
Guerrero encabeza esta dolorosa lista con 11 municipios. Le siguen Chiapas, Chihuahua, Estado de México y Oaxaca, con cinco cada uno. Coahuila, Guanajuato, Jalisco, Puebla y Veracruz completan el mapa con dos municipios críticos por entidad.
Aquí es donde la vulnerabilidad es más extrema. Aquí es donde actuarán.
“Se reforzará el llamado a las autoridades locales a sancionar con firmeza el abuso sexual”, afirma el gobierno desde la Secretaría de las Mujeres.
El plan tiene varios frentes. Primero, el diálogo comunitario para erradicar la normalización de las uniones forzadas. El mensaje es contundente: las leyes están por encima de cualquier costumbre cuando esta violenta la dignidad o la libertad.
También buscarán armonizar los códigos penales en todos los estados para establecer un piso mínimo de protección. Y trabajarán directamente en escuelas, hablando con docentes y familias para proteger los proyectos de vida de las niñas.
Todo esto se financiará con recursos del Fondo para el Bienestar de las Mujeres (FOBAM).
La meta final está puesta en el horizonte: erradicar completamente para 2030 los nacimientos entre niñas de 10 a 14 años, y reducirlos a la mitad entre adolescentes.
Es una promesa enorme. Un compromiso que busca reparar décadas de violencia normalizada. El gobierno dice que quiere devolverles a las niñas su derecho a un futuro. La pregunta que queda flotando en el aire es si este plan focalizado será suficiente para cambiar una realidad tan arraigada.




