El viejo pozo que no deja de gotear
Pemex acaba de soltar otro comunicado que huele a manual de crisis. Hablan del pozo Concepción-134 en Minatitlán, Veracruz, que lleva fuera de operación desde 2003. Sí, leíste bien: veinte años inactivo y ahora reportan “pérdida de contención”.
La paraestatal dice que las conexiones superficiales “han presentado eventos de fuga asociados a la corrosión”. Traducción: el óxido está ganando la batalla contra la infraestructura vieja. Lo grave es que no especifican qué está saliendo ni en qué cantidad.
“Desde el 8 de marzo pasado, personal técnico realizó inspecciones y ejecutó acciones correctivas”
Instalaron grapas con neopreno, monitorearon atmósferas… pero el 11 de marzo y el 1 de abril volvieron los “eventos”. Cada vez que usan esa palabra, me pregunto: ¿evento para quién? Para los técnicos es un incidente. Para las familias cercanas es miedo puro.
Lo más dramático viene después: Pemex asegura que esto “no representa ningún riesgo para la población”. Sin decir qué se fugó. Es como si un médico te dijera “no es grave” sin revisarte.
El silencio que grita más fuerte
La comunidad está justamente alarmada. Cuando una empresa estatal habla de “condiciones de hermeticidad” pero omite datos básicos, la desconfianza crece como mancha de aceite.
Mi padre me enseñó que en política -y esto es político- lo que no se dice suele ser más importante que lo declarado. Aquí hay dos historias: la técnica con sus grapas y monitoreos, y la humana con vecinos que merecen saber qué respiran.
El verdadero riesgo quizás no sea solo químico, sino el desgaste de algo más valioso: la credibilidad. Cuando el teatro oficial prioriza el control del mensaje sobre la transparencia, todos perdemos.




