El arsenal sinaloense
Omar García Harfuch, titular de Seguridad, acaba de soltar un dato que hace ruido. Desde octubre del 2024, una de cada cinco armas que se aseguran en todo el país viene de Sinaloa. Exactamente 4,850 piezas. Eso es el 20% del total nacional.
Pero los números fríos a veces no pintan todo el cuadro. Lo que realmente prende focos rojos es qué tipo de armamento están encontrando.
No son solo pistolitas
El funcionario detalló el botín: más de un millón de cartuchos útiles, ametralladoras, fusiles Barrett e incluso lanzagranadas. La joya de la corona: más de 5,500 artefactos explosivos improvisados. Eso no es equipamiento para un pleito callejero; es para una guerra.
“El reforzamiento federal se implementó tras el repunte de violencia registrado en septiembre de 2024, derivado de disputas entre grupos criminales posteriores a la captura de Ismael ‘El Mayo’ Zambada.”
Ahí está la clave. La captura del ‘Mayo’ no trajo paz, sino una reconfiguración violenta del tablero. Los grupos que quedaron se disputan el territorio, y lo hacen con un poderío militar alarmante.
La respuesta oficial, dicen, fue coordinada. Por instrucción de la presidenta Sheinbaum y en conjunto con el gobernador Rocha Moya. Su plan tiene tres patas: reducir delitos de alto impacto, detener a los generadores de violencia y fortalecer la investigación y la policía estatal.
Suena bien en el papel. Siempre suena bien en el papel. La pregunta incómoda que queda flotando es: si hay tanto despliegue y estrategia, ¿cómo es que sigue fluyendo este arsenal descomunal hacia Sinaloa? Las cifras hablan de lo que se logra incautar, pero guardan silencio sobre lo que no se ve.




