La jugada de Sheinbaum tras el primer revés
La presidenta Claudia Sheinbaum no se quedó con los brazos cruzados. Después de que la Cámara de Diputados desechara su propuesta estrella de reforma electoral, ya tiene listo un movimiento alternativo. Lo llama, con toda la creatividad del mundo oficial, su “Plan B”.
Y según ella, Morena y el Partido Verde ya están alineados. Porque en política, cuando falla el plan A, siempre hay un plan B esperando en el cajón.
¿En qué consiste este nuevo intento?
En su conferencia mañanera de ayer, Sheinbaum soltó la bomba: tiene que ver con el dinero. Concretamente, con “la reorientación del presupuesto” en los Congresos locales y el Senado.
La idea, según explicó, es que los recursos destinados a cosas como la cantidad de regidores se queden en municipios y estados. El supuesto destino final: obra pública. Un clásico argumento para mover fondos.
“…para que el recurso se quede en los municipios y estados para obra pública”, dijo desde Palacio Nacional.
Este martes anunció que el paquete ya va camino a la Cámara de Senadores para su discusión. La máquina legislativa se pone en marcha otra vez.
Aquí viene lo interesante: cambiar asignaciones presupuestarias es un terreno pantanoso. Jurídicamente, huele a maniobra para sortear el rechazo frontal a la reforma original. Es redirigir la batalla hacia otro frente donde el control pueda ser más fácil.
La memoria es corta, pero los precedentes son largos. Cada vez que un gobierno habla de “reorientar” presupuestos entre poderes, hay que leer la letra chiquita. ¿Quién define las prioridades? ¿Quién vigila que ese dinero para “obra pública” no termine siendo otra cosa?
Sheinbaum aprendió rápido. Si no puedes cambiar las reglas del juego por la puerta grande, intentas modificar el tablero por la ventana trasera. La pregunta ahora es si los senadores comprarán el nuevo discurso o si recordarán por qué tumbaron el primer intento.




