Un acto diplomático con guión de tensión
El escenario es México, pero el conflicto de fondo es viejo conocido. El embajador cubano, Eugenio Martínez Enríquez, acaba de responder con fuerza a su par estadounidense, Ronald Johnson. ¿La razón? Una frase que resonó como un golpe bajo.
“La mejor forma de ayudar al pueblo cubano es empoderándolo, no al régimen que los ha oprimido durante décadas”,
dijo Johnson. Martínez no se lo tomó bien. Lo tachó de “irrespetuosa” y lo interpretó como un gesto de molestia ante la solidaridad mexicana con Cuba.
La jugada humanitaria que desató la polémica
Todo empezó con una iniciativa del expresidente Andrés Manuel López Obrador. Lanzó una colecta para enviar ayuda directa a Cuba a través de una asociación civil. La idea es comprar comida, medicinas y combustible para la población, saltándose cualquier intermediario oficial.
Para Cuba, esto es el verdadero empoderamiento del que hablaba el embajador gringo. Para Washington, huele a un salvavidas para un gobierno al que busca presionar con sanciones.
El contexto no es casual. Estados Unidos mantiene un bloqueo petrolero contra la isla desde enero. También prohibió el envío de crudo venezolano y puso aranceles a quien les venda combustible. La crisis humanitaria se agrava por minutos.
La presidenta Claudia Sheinbaum ya dio su línea en Nayarit: México seguirá apoyando a Cuba “por razones humanitarias y de solidaridad histórica”. El mensaje está claro: aquí no nos movemos por presión política.
Lo que tenemos, amigos, es el choque frontal entre dos guiones políticos totalmente distintos. El estadounidense, que cree en la presión para forzar cambios. Y el mexicano (y cubano), que apuesta por la ayuda directa como acto de hermanamiento.
Este cruce de declaraciones no es solo diplomacia barata. Es el reflejo perfecto de una grieta profunda en cómo entender las relaciones en esta región. Mientras unos ven sanciones, otros ven solidaridad. Y en medio, un pueblo que necesita ambas cosas: ayuda inmediata y un futuro distinto.




