La mandataria juega sus cartas ante el Congreso
Claudia Sheinbaum salió este miércoles con un as bajo la manga. En su conferencia mañanera, la presidenta confirmó que tiene un “plan B” listo por si su propuesta de reforma electoral no consigue la mayoría calificada que necesita en la Cámara de Diputados.
La pregunta del millón, claro, es qué contiene esa estrategia alternativa. Pero ahí Sheinbaum se puso hermética.
“Sí, pero ya sería después”, respondió cuando le preguntaron directamente sobre el plan.
Insistieron los reporteros: ¿sería mediante leyes secundarias? La respuesta fue la misma evasiva elegante que dominan todos los políticos profesionales. “Ya sería después, no nos adelantemos”. Un clásico.
La narrativa de la ‘victoria’ contra la ‘derrota’
Lo interesante es cómo enmarcó todo esto. Rechazó de plano la idea de que no aprobar su reforma sería una “primera derrota” para su gobierno. Al contrario.
“Para mí es una victoria porque estoy presentando una propuesta que me pidió la gente”, afirmó con esa tranquilidad que solo da tener un respaldo alternativo en el bolsillo.
Su postura es clara: ella cumple presentando la propuesta. Lo que pase después en el Congreso ya es problema de los diputados y senadores. “Quien la quiera aprobar, pues será visto por la gente, y quien no, no”. Así de sencillo, según ella.
Mientras tanto, presentó su “decalogo por la democracia” con diez puntos que suenan bien en papel: reducción del gasto electoral, más fiscalización, voto en el extranjero y hasta regulación de inteligencia artificial en procesos electorales.
Pero el verdadero show está detrás del telón. Ese “plan B” que mencionó sin querer dar detalles. Porque en política, lo que no se dice a menudo importa más que lo que se declara abiertamente.




