Sheinbaum y la reforma electoral: Un “casi, pero no todavía” magistral
En un giro que nadie vio venir (o quizá todos), la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo ha anunciado con la solemnidad de quien descubre el fuego que ya tiene la primera revisión de la famosa reforma electoral. Lo mejor de todo: aclaró, por si alguien ya estaba preparando los cohetes, que la propuesta “no está terminada”. Vaya, qué alivio. Nos habíamos preocupado pensando que en un arranque de eficiencia inusual, ya estaba todo listo, empaquetado y con lazo.
“No, todavía no está lista la reforma”, soltó Sheinbaum en su ya tradicional conferencia mañanera desde el Palacio Nacional, probablemente esperando a que los periodistas guardaran sus plumas y dejaran de hacer preguntas incómodas. Pero, oh sorpresa, sí hay avances. Resulta que, según los foros organizados por la Comisión Presidencial para la Reforma Electoral (esa que preside Pablo Gómez), el pueblo, ese ente abstracto al que todos citan, ha hablado. Y su mensaje es profundo y complejo: quiere que se reduzcan los recursos. Sí, menos dinero para la fiesta democrática. Quién lo diría.
Las perlas de consenso: Menos dinero y… ¿cuántos diputados eran?
La mandataria, haciendo de intérprete de la voluntad popular, enumeró los grandes acuerdos. “Coinciden en los foros varios planteamientos; uno, reducir los montos de presupuesto para los partidos políticos y para las elecciones”, dijo. Una idea tan revolucionaria como sugerir que el agua moja, pero que en el circo de la política mexicana suena a herejía de alto calibre. “La gente quiere que se reduzcan”, insistió. Claro, porque la ciudadanía está fascinada viendo cómo los recursos públicos financian campañas más largas que una telenovela de los 90.
Pero la joya de la corona es el segundo punto de acuerdo. “La otra es reducir el número de diputados“, anunció Sheinbaum, para luego añadir la pequeña letra chiquita: “pero no está claro la conformación hasta qué número y la conformación”. Maravilloso. Todos quieren menos legisladores, pero nadie se pone de acuerdo en cuántos menos, cómo elegirlos o, y esto es lo más divertido, cómo lidiar con el espinoso asunto de los diputados plurinominales. “La gente no está de acuerdo”, confesó. Un eufemismo encantador para describir un sistema que a muchos les parece un cupo por invitación para los que perdieron las elecciones. “En fin, todavía hay algunos temas que debatir”, concluyó la titular del Ejecutivo federal, en el subestimación del año.
Uno puede imaginarse los foros: desde el purista que exige sólo 300 diputados por mayoría, hasta quienes defienden la representación de las minorías (causa con la que Sheinbaum dice coincidir). El verdadero problema, según ella, es “cómo se da y hasta cuánto” el número. O sea, todo el detalle sin importancia. Tras la visita de Pablo Gómez a Palacio Nacional, el plan es reunirse con los coordinadores parlamentarios el próximo lunes. Seguramente una reunión donde se aclararán todos los puntos en 20 minutos y saldrán todos sonrientes y en acuerdo total. O no.
En resumen, la reforma constitucional en materia electoral avanza a ese ritmo burocrático tan querido por todos: un paso adelante, una aclaración que lo desdice, y un mar de dudas sobre los puntos clave. Se habla de recortar el financiamiento público a los partidos y de una reconfiguración del Congreso, pero los detalles están más difusos que la promesa de un político en campaña. Es como empezar a construir una casa discutiendo si debe ser de dos o tres pisos, pero sin tener plano, cimientos, ni terreno. ¿Qué podría salir mal?
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