La presidenta suelta la rienda (y la responsabilidad)
Frente a la pregunta directa, Claudia Sheinbaum optó por la salida más cómoda. Ante la falta de apoyo del PT y el Verde para su reforma electoral, su llamado final fue… ningún llamado.
“No, que cada quien decida. Yo como le dije, yo cumplo con la gente.”
Traducción política: el paquete está en la Cámara de Diputados y si no pasa, el problema será de ellos. No de ella. Una jugada clásica para descargar responsabilidades antes del choque.
Los números que no suman
Lo curioso es el contraste entre los datos que ofrece y la realidad legislativa. Insiste en que “más del 80%” apoya sus cambios. Pero en el Congreso, ese respaldo popular se estrella contra una simple aritmética: sin sus aliados tradicionales, no tiene los votos.
Ricardo Monreal, coordinador de Morena, ya lo había admitido un día antes. Sheinbaum solo lo confirmó con su actitud resignada.
Su argumento se reduce a una encuesta y un deber cumplido. Envió la propuesta. Ya hizo su parte. El resto es asunto de los diputados y cómo ejerzan su voto.
Una postura que huele a preparar el terreno para el fracaso anunciado. Para cuando la reforma naufrague en San Lázaro, ella ya habrá marcado distancia. Yo cumplí, dirá. Ellos no.
La pregunta que queda flotando es más incómoda: si realmente creía en esta reforma, ¿por qué no lucha por ella hasta el final? O quizás algunos compromisos son más frágiles cuando los números no dan.




