El petróleo que cruza el Golfo
La tensión sube en el escenario internacional. Tras los cuestionamientos desde Washington y la amenaza directa del expresidente Trump de imponer aranceles a quienes suministren crudo a la isla, el gobierno mexicano ha decidido poner las cartas sobre la mesa. No es ayuda humanitaria, son negocios.
Este jueves, la administración federal detalló la naturaleza de sus envíos. Son contratos comerciales entre Petróleos Mexicanos (Pemex) y el gobierno cubano. Operaciones distintas a la ayuda, con reglas claras.
Los contratos “siguen vigentes” y el petróleo se entrega en función de la disponibilidad de inventario, con “pagos puntuales” por parte del Gobierno cubano.
Así lo aseguró Víctor Rodríguez Padilla, director de la petrolera estatal. La operación se realiza a través de su filial Gasolinas Bienestar, se liquida en pesos y a precios de mercado. Todo, según dicen, conforme a la ley.
Las cifras que hablan
Aquí es donde el asunto se pone interesante. Los números oficiales pintan un panorama lucrativo para México.
Entre 2023 y 2025, el país ha obtenido cerca de 1,500 millones de dólares por vender crudo a La Habana. Los montos individuales son jugosos: 367 millones en 2023, 600 millones en 2024 y 496 millones ya proyectados para este 2025.
En su punto más alto, México exportó un promedio de más de 17,000 barriles diarios. Una gota en el océano de las exportaciones totales mexicanas (entre el 1% y 3.3%), pero una gota que vale oro.
Es un movimiento arriesgado en el tablero geopolítico. Por un lado, está la presión estadounidense, siempre latente. Por el otro, un contrato que inyecta divisas frescas a las arcas nacionales. El gobierno mexicano parece estar diciendo: esto no es un acto político, es un negocio. Y los negocios, cuando hay dinero de por medio, son difíciles de cancelar.
La pregunta que flota en el aire es simple: ¿valdrá la pena el posible costo político? Por ahora, las cuentas están claras y los pagos llegan a tiempo. En política exterior, a veces eso es lo único que cuenta.




