La propuesta ya está en comisiones, pero el calendario es lo que llama la atención
La Mesa Directiva de la Cámara de Diputados recibió anoche, puntualmente a las 18:27, la minuta sobre esa reforma laboral que tanto se ha prometido. La que reduciría la jornada semanal de 48 a 40 horas.
El documento no se quedó en un cajón. Fue turnado inmediatamente a las comisiones unidas de Puntos Constitucionales y Trabajo. Todo muy ágil, previa autorización del pleno en sesión ordinaria. Curioso ver cómo algunos expedientes corren y otros se pierden para siempre.
El diablo, como siempre, está en los detalles (y en el calendario)
La reforma al artículo 123 constitucional plantea la disminución… pero de manera gradual. La meta final de 40 horas semanales no se alcanzaría hasta el año 2030. Seis años desde ahora. Un plazo que da para muchas legislaturas, muchos cambios de humor político y, sobre todo, para que la memoria colectiva se desvanezca.
Además del recorte horario, el texto establece otro derecho: por cada seis días de trabajo, toca al menos un día de descanso con salario completo. Algo que en teoría ya debería ser norma, pero que siempre conviene tener escrito con tinta constitucional.
La pregunta que flota en el aire es simple: ¿una promesa con fecha de caducidad tan lejana es realmente una promesa? El tiempo, ese juez implacable que tanto le gusta citar a la clase política, tendrá la última palabra.




