Un cambio histórico que tardará años en llegar
El telón se cerró en el Senado con una votación que modifica la Constitución. No es algo que pase todos los días. La reforma al artículo 123 está lista, y con ella, la promesa de una semana laboral más corta para millones de mexicanos.
Pero aquí está el detalle que muchos están pasando por alto: esto no ocurrirá mañana. El camino hacia las 40 horas es una carrera de fondo.
La secretaria de la Mesa Directiva, Mariela Gutiérrez, informó que 23 congresos estatales aprobaron la minuta, cumpliendo así con el requisito constitucional.
Un calendario que exige paciencia
La reducción será escalonada, como subir una montaña peldaño a peldaño. Primero bajaremos a 46 horas semanales en 2027. Luego a 44 en 2028, después a 42 en 2029. La meta final, las ansiadas 40 horas, no se alcanzará hasta el año 2030.
Estados como Baja California, el Estado de México y la Ciudad de México ya dieron el sí. Se superó con creces el mínimo de 17 legislaturas necesarias. El trámite constitucional está completo.
Sin embargo, en el último acto de este drama legislativo, se quedó fuera un punto crucial: la obligatoriedad de dos días completos de descanso para todos. Ese fue un guion que no lograron incluir en la versión final.
Aun así, estamos ante uno de los ajustes más relevantes al régimen laboral en décadas. No es poca cosa.
La presidenta de la Mesa Directiva, Laura Itzel Castillo, emitió la declaratoria y ordenó remitir el decreto al Diario Oficial.
Ahora viene la parte difícil: esperar. La publicación oficial es el siguiente paso, pero el impacto real en la vida diaria de las personas tardará años en materializarse. Es una victoria legislativa cuyo verdadero festejo tendrá lugar mucho más adelante.




