Un misterio que tensa las aguas del Caribe
La Marina de México lleva dos días rastreando el océano. Buscan dos veleros que partieron de Isla Mujeres con nueve personas a bordo y toneladas de ayuda para Cuba. Su destino: La Habana. Su realidad: desaparecieron sin dejar rastro.
“Desde nuestro país hacemos todo lo posible en la búsqueda y salvación de estos hermanos de lucha”,
Escribió el presidente cubano Miguel Díaz-Canel en redes. Sus palabras reflejan la angustia que recorre ambos lados del estrecho.
¿Qué se sabe realmente?
Aquí está el rompecabezas: hubo rumores de que la Guardia Costera de EE.UU. los había encontrado. Pero las autoridades mexicanas lo desmienten tajantemente. No hay confirmación, ni comunicación, ni señal.
La organización Nuestra América Convoy, tras los barcos, calcula que deberían haber llegado entre viernes y sábado. Hacen un llamado desesperado: “cualquier información o avistamiento”. Los capitanes son expertos, los barcos tenían buen equipo. Eso hace más inquietante el silencio.
El primer barco de este mismo convoy llegó sin problemas el martes. Llevaba 14 toneladas de comida, medicinas y paneles solares. Estos dos veleros desaparecidos eran la segunda ola de solidaridad.
El telón de fondo es una crisis épica. Mientras buscan a estas nueve almas, Cuba se tambalea por apagones constantes. El bloqueo al combustible por parte de Estados Unidos empuja a la isla al límite. Este viaje no era un paseo turístico; era un acto político de supervivencia.
La búsqueda es una operación internacional. La Armada mexicana movilizó sus bases en Isla Mujeres y Yucalpetén. Coordina con centros de rescate de Polonia, Francia, Cuba y los propios Estados Unidos. Aviones Persuader surcan el cielo trazando patrones sobre la ruta estimada.
Revisan cada variable: cambios de rumbo imprevistos, el clima traicionero del Caribe, las corrientes caprichosas. Es una carrera contra el reloj donde cada hora cuenta.
El drama no es solo marítimo; es profundamente humano y político. Nueve personas se jugaron la vida llevando esperanza en un velero. Ahora, su silencio grita más fuerte que cualquier declaración diplomática.




