Justicia tardía, dolor eterno
Mario Alberto Reyes Nájera y Gladis Giovana Cruz Hernández, los genios del crimen que decidieron que secuestrar y asesinar a una niña de 7 años era un plan brillante, recibieron su merecido: 170 años de prisión. Sí, 170 años, porque aparentemente, en México, hasta la justicia sabe que las sentencias deben ser proporcionales al nivel de indignación social. ¿O acaso creían que con 50 años bastaría para calmar a un país harto de feminicidios?
El juez, en un arrebato de generosidad legal, les regaló 100 años por secuestro agravado y 70 por feminicidio, las penas máximas. ¡Qué detalle! Además, les impuso una multa de 1.4 millones de pesos y una indemnización de 400 mil pesos, porque nada dice “lo siento” como pagar por el funeral de la víctima que tú mismo mataste. Eso sí, habrá que ver si estos dos lumbreras logran pagar algo desde la cárcel, donde seguramente pasarán el resto de sus vidas… o al menos hasta que algún político decida que “merecen una segunda oportunidad”.
El sistema que falló (otra vez)
Sonia López, tía de Fátima, lo dijo claro: “No merecía morir de esa forma, porque nadie lo merece”. Y aquí viene lo mejor: la pequeña fue raptada a plena luz del día, en la salida de su escuela en Xochimilco, por Giovana, quien, aunque no era familiar, logró convencer a las autoridades escolares de que sí lo era. ¿Protocolos de seguridad? ¿Verificación de identidad? Nah, eso es para países donde les importan los niños. En México, con que digas “soy la tía” ya te llevas al crío sin preguntas.
Por si fuera poco, Sonia había alertado antes sobre la vulnerabilidad de Fátima, pero las autoridades, en su infinita sabiduría, decidieron ignorarla. Porque, claro, ¿para qué prevenir un crimen cuando puedes esperar a que ocurra y luego llorar en las conferencias de prensa?
El juez, en un gesto que parece más un parche que una solución, ordenó que la SEP alfabetice a los niños sobre sus derechos y refuerce los protocolos escolares. ¡Bravo! Solo faltó que también sugiriera “que no maten a las niñas”, pero quizá eso es pedir demasiado.
Un final que no cierra heridas
El cuerpo de Fátima fue encontrado en bolsas de basura, como si su vida no hubiera valido más que desechos. Sus asesinos fueron capturados días después, gracias a una recompensa (porque, al parecer, la policía solo trabaja bajo incentivos económicos). Y aunque la sentencia es un paso, Sonia lo dejó claro: “Esto es lo mínimamente justo”. Porque ni 170 años ni millones de pesos devolverán a esa niña, ni borrarán el dolor de una familia, ni arreglarán un sistema que sigue fallando una y otra vez.
Así que, si eres niño o niña en México y alguien te hace daño, Sonia tiene un consejo: “Alza la voz, corre con alguien de confianza”. Eso sí, esperemos que esa persona de confianza no sea un funcionario público, porque con su historial, lo más probable es que te ignoren hasta que sea demasiado tarde.
¿Te indigna este caso? Comparte esta nota y exige justicia real, no solo sentencias simbólicas. Y si quieres leer más sobre cómo el sistema sigue fallando a las víctimas, explora nuestros otros contenidos.




