El Norte (América) contraataca, o al menos lo intenta
Parece que el fantasma de los coches eléctricos chinos ha logrado lo que parecía imposible: unir a vecinos que suelen quejarse entre sí. La Asociación de Fabricantes de Autopartes de Canadá (APMA), en un arrebato de camaradería continental, ha salido a clamar por la renovación y modernización del Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC). Su argumento, envuelto en la bandera de la seguridad económica, es que si no nos apretamos los cinturones—norteamericanos, se entiende—los fabricantes asiáticos nos van a comer la tostada, o más bien, la batería del coche.
La APMA, con una seriedad que casi impresiona, advierte que nuestra querida región podría quedarse atrás en la carrera global del automóvil. ¿El motivo? Un mercado fragmentado. Porque, claro, nada facilita más el avance de un competidor feroz que vernos discutiendo entre nosotros sobre aranceles y normas, mientras ellos inundan el planeta con sus productos. La asociación señala, con el dedo tembloroso, hacia sectores de alto valor como las baterías y la producción de vehículos eléctricos, donde China avanza a un ritmo que, según ellos, es tan natural como un subsidio estatal masivo.
Subsidios, sobrecapacidad y el arte de vender barato
La organización canadiense no se muerde la lengua y denuncia que los fabricantes chinos, impulsados por ayudas gubernamentales, han creado una sobrecapacidad que distorsiona los precios globales. Vamos, que producen tanto que bajan los precios, una estrategia comercial tan novedosa como el trueque. Este fenómeno, según su dramático relato, amenaza las bases industriales de los tres países del T-MEC, con un sector particularmente afectado: el de estampado. Sí, esa crucial actividad que convierte láminas de metal en partes de coches y que, al parecer, no puede competir con precios que, sospechosamente, parecen estar por debajo del coste. ¿Quién lo diría?
En su exhaustivo análisis enviado a las autoridades comerciales estadounidenses, la APMA pintó un cuadro desgarrador sobre el clúster industrial entre Ontario y Michigan, supuestamente golpeado por lo que ellos llaman “prácticas depredadoras chinas”. Básicamente, acusan a China de saturar el mercado con productos a precios irrisorios, comprometiendo la viabilidad de operaciones industriales clave. Porque, en el mundo ideal de la APMA, la competencia es maravillosa… siempre y cuando no sea demasiado buena.
El presidente de la asociación, Flavio Volpe, salió a escena para subrayar con pompa y circunstancia que los fabricantes canadienses y mexicanos son los pilares que sostienen la competitividad de Estados Unidos. Según su narrativa, Canadá aporta componentes de tan alta calidad que mantienen las fábricas en funcionamiento, mientras que México ofrece, atención, capacidad industrial, flexibilidad laboral e integración estratégica. Una forma muy diplomática de decir: “Hacemos las piezas bonitas y nuestros vecinos del sur las ensamblan de forma eficiente, así que, por favor, Estados Unidos, no nos dejes solos en esto”.
La lista de deseos para salvar la industria
Para enfrentar este apocalipsis automotriz, la APMA no se ha quedado de brazos cruzados. Ha presentado su lista de propuestas para modernizar el T-MEC, que incluye joyas como simplificar el cumplimiento de las reglas de origen (porque los papeleos burocráticos son tan divertidos como un pinchazo), apoyar la transición a los vehículos eléctricos, armonizar los sistemas aduaneros digitales y, cómo no, fortalecer el acceso de las pymes a la cadena de suministro. También pidió robustecer los mecanismos de solución de controversias, porque ¿qué sería de un buen tratado sin una pelea legal de vez en cuando?
Finalmente, la asociación, quizás para endulzar la píldora, resaltó que el T-MEC ha impulsado una mayor integración regional, aumentos de inversión, más contenido regional y, lo más importante, más empleo en la industria automotriz norteamericana. Un final feliz que, sin duda, esperan que convenza a todos de que unidos somos más fuertes… especialmente contra un enemigo común que vende coches baratos.
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