El ‘No es mi pedo’ institucional que todos esperábamos
Parece que en la Secretaría Anticorrupciòn y Buen Gobierno, el caso del supuesto soborno millonario a Enrique Peña Nieto tiene la misma prioridad que nuestra intención de ir al gimnasio un lunes por la mañana: nula. En la escena política mexicana, que ya tiene más giros argumentales que una telenovela de las nueve, Raquel Buenrostro, la jefa de dicha secretaría, salió a dar el clásico ‘yo no fui’ institucional.
Durante la ya tradicional conferencia de prensa matutina de la presidenta Claudia Sheinbaum, donde se resuelve el país entre cafés y preguntas incómodas, a Buenrostro le soltaron la bomba: ¿qué onda con la investigación por los 25 millones de dólares que, según unos empresarios israelíes, le dieron al expresidente a cambio de jugosos contratos, incluyendo el famoso y polémico sistema de espionaje Pegasus?
Su respuesta fue más clara que un ‘seen’ en WhatsApp: “Nosotros no tenemos denuncias de eso”. Básicamente, el equivalente gubernamental de ‘eso lo maneja otro departamento’. Aparentemente, el alcance de sus atribuciones no da para tanto, sobre todo porque, según sus palabras, “no hay nada que haya firmado”. Un detalle técnico que, en el mundo de la política, a veces parece más importante que el hecho de que hablamos de una acusación de corrupción a nivel presidencial.
La FGR: la que se queda con el paquete caliente
Resulta que todo este melodrama, digno de un capítulo de ‘House of Cards’ pero con mejor comida, recayó en la lap de la Fiscalía General de la República (FGR), comandada por Alejandro Gertz Manero. Fue él quien, el pasado 8 de julio, confirmó que se había abierto una carpeta de investigación por este tema. Imagínense la escena: empresarios de Israel declarando que soltaron 25 millones de verdes para que el exmandatario priista (2012-2018) les diera luz verde a contratos multimillonarios, con el sistema Pegasus como estrella de la transacción.
Y mientras la FGR navega esas aguas turbias, la Secretaría Anticorrupción se mantiene en la orilla, con los pies secos y la conciencia tranquila. Es el clásico ‘aquí no es’, pero en versión gubernamental y con un toque de burocracia elegante. No es que no les importe, es que, técnicamente, no es su problema. ¿Les suena familiar? Es la misma estrategia que usamos cuando nos preguntan quién dejó los trastes sucios en la cocina.
El caso Peña Nieto-Pegasus tiene todos los ingredientes de un escándalo de alto perfil: un expresidente, dinero en efectivo, espionaje y empresarios extranjeros. Es el tipo de historia que vendería millones de libros y llenaría salas de cine. Pero en la vida real, el guión parece atascarse en el capítulo de ‘¿Y ahora quién le entra?’. Mientras las dependencias se pasan la papa caliente, la ciudadanía se queda con la misma expresión de incredulidad que cuando ve un aumento más en el precio del aguacate.
Al final del día, lo único claro es que la investigación sigue su curso, pero en el laberinto de la justicia y la administración pública, a veces es difícil saber si avanzamos o solo estamos dando vueltas en el mismo lugar. Lo que es un hecho es que este caso sigue generando más preguntas que respuestas, y la única certeza es que el tema está lejos de estar resuelto.
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