Exigencias y resistencia en el Zócalo
Ni la lluvia, el viento ni el Fan fest del Mundial detuvieron a la multitud. La Marcha del Orgullo, en su 48 edición, llegó al Zócalo capitalino con una exigencia clara: garantizar salud, vivienda y educación para personas trans.
Cientos de miles de personas celebraron su identidad, pero también alzaron la voz por quienes ya no están. La protesta reiteró la urgencia de erradicar la discriminación, el estigma y los crímenes de odio contra la comunidad LGBTTTIQ+.
Desde las 9 horas del sábado 28 de junio, colectivos de familiares de personas desaparecidas, organizaciones de apoyo a mujeres trans, personas LGBT con discapacidad, trabajadoras sexuales y pacientes con VIH tomaron las calles. Exigieron seguridad y atención a estas poblaciones, y gritaron entre banderas multicolor:
“Es una marcha, no es un negocio. Empresas con antecedentes homofóbicos comercializan un movimiento histórico.”
Los discursos denunciaron la exclusión de la diversidad sexual de programas sociales. Reclamaron que el gobierno y las empresas no se apropien de la lucha. “Esta marcha no les pertenece a quienes lucran con nuestras identidades”, afirmaron.
Personas de varias generaciones y estados caminaron tomadas de la mano. Madres acompañaban orgullosas a sus hijos gays y lesbianas. En pleno 2026, muchas juventudes LGBT todavía enfrentan rechazo familiar.
Colectivos de búsqueda exigieron reconocer a la familia social —amigas y amigos que buscan a sus desaparecidos—. El Contingente Contra las Desapariciones LGBTTTIQ+ señaló frente a la Glorieta de Las y Los Desaparecidos:
“Exigimos al Estado armonizar la Ley General de Víctimas para reconocer plenamente a la familia social.”
Activistas trans y no binarios pidieron alto a la criminalización del plantón que mantienen en la Secretaría de Gobernación desde hace 10 días. Fueron el único grupo vigilado por cientos de policías, pese a su protesta pacífica. Declararon:
“Nos juzgan por nuestra orientación sexual, no por el ser humano que somos. Eso nos ha hecho la vida imposible.”
Personas con discapacidad, pacientes con VIH, víctimas de odio y discriminación laboral se sumaron. La marcha recorrió avenidas emblemáticas hasta el Zócalo, donde hubo micrófonos abiertos y horas de júbilo. Al final, una consigna unificó a todos: alto a los crímenes de odio y a los transfeminicidios.




