A dos días de los sismos de magnitud 7.2 y 7.5 que sacudieron Venezuela, la cifra de fallecidos supera las 920 personas y los desaparecidos ascienden a más de 51.000. En La Guaira, epicentro de la destrucción, las familias excavan entre los escombros con herramientas básicas, mientras denuncian la escasa presencia de equipos de rescate gubernamentales.
La desesperación en La Guaira
Nazareth Jiménez observaba a vecinos intentar cortar losas de concreto con martillos. “Dios mío, ¿cómo sacar a toda la gente de ahí?”, murmuró. Suplicó por maquinaria pesada: “Hacemos un llamado al gobierno, a los países del mundo, que nos ayuden. Todavía hay gente viva”.
El gobierno venezolano anunció que bloqueará el acceso a La Guaira por el desorden y el tráfico. Quienes quieran entrar deberán solicitar permisos oficiales, sin muchos detalles. Mientras, decenas de equipos de rescate de distintos países comienzan a llegar.
“Cada persona salvada es un milagro”, declaró Jorge Rodríguez, presidente de la Asamblea Nacional.
La presidenta encargada Delcy Rodríguez afirmó que trabajan en una respuesta total durante “estas horas críticas para el rescate de las personas vivas”. Dio la bienvenida a la ayuda internacional y confirmó la militarización de La Guaira. Sin embargo, los residentes consideran que la asistencia recibida es apenas una fracción de lo necesario.
Las primeras 48 a 72 horas son cruciales para encontrar sobrevivientes. La esperanza se desvanece mientras las familias continúan la búsqueda por su cuenta.




