Internacional
La Junta de Paz de Trump divide al mundo
Más de 20 países aceptan la invitación de Trump, mientras potencias europeas se mantienen al margen. La iniciativa desafía el rol tradicional de la ONU.

Una iniciativa que enfrenta a aliados y rivales
La llamada ‘Junta de Paz’ del presidente estadounidense ya tiene más de 20 países a bordo. Pero el panorama es un rompecabezas geopolítico: mientras algunos aliados tradicionales dicen ‘no, gracias’, otras naciones, incluidas varias con historiales complicados en derechos humanos, han levantado la mano.
Trump lo anunció con su estilo habitual la semana pasada: “vamos a tener, creo, más de 50” países que se unirán. La cifra oficial aún está lejos, pero la lista revela una estrategia clara.
¿Quién está dentro y quién fuera?
Entre los que aceptaron hay desde monarquías del Golfo como Arabia Saudita y Qatar, hasta países como Pakistán, Turquía y Egipto. Incluso Argentina y Paraguay aparecen en la lista. Es un grupo diverso, alejado del tradicional círculo occidental.
En el lado opuesto está casi toda Europa Occidental. Francia, Alemania, Italia y el Reino Unido han declinado la invitación. Canadá también está fuera después de que Trump revocara personalmente la invitación a su primer ministro.
Luego están los indecisos, donde están los pesos pesados: China, India y Rusia. Su silencio habla más que cualquier declaración.
Lo que empezó como un grupo pequeño para supervisar un posible alto al fuego en Gaza ahora aspira a ser algo mucho mayor. El gobierno de Trump sugiere que esta junta podría mediar en otros conflictos globales.
Eso, amigos, no es solo una nueva iniciativa diplomática. Es un desafío directo al Consejo de Seguridad de la ONU y al orden internacional establecido después de la Segunda Guerra Mundial.
¿Funcionará? La historia está llena de intentos similares que terminaron en papel mojado. Pero cuando alguien como Trump mueve fichas en el tablero global, vale la pena prestar atención. Aunque sea con escepticismo.
Internacional
La pesadilla que no termina en Haití
Los casos de abuso sexual se triplican en Haití mientras las pandillas usan la violencia para aterrorizar comunidades enteras.

Los números son brutales, pero detrás hay rostros
Médicos Sin Fronteras lo dice claro: están “alarmados e indignados”. En una sola clínica de Puerto Príncipe, los casos de agresiones sexuales se han triplicado en cuatro años. No es solo estadística—es gente.
“La magnitud en la que los números han aumentado nos ha sorprendido”, dice Diana Manilla Arroyo, jefa de misión del grupo. “No solo son los números, sino la gravedad”.
Las víctimas ya no tienen edad
Antes, la mitad de los casos eran menores de 18 años. Ahora son el 24%. ¿La nueva realidad? Personas entre 50 y 80 años—casos que se multiplicaron por siete. Las pandillas no discriminan.
Más de cien personas fueron atacadas por diez o más agresores a la vez. El promedio es tres por caso. Esto ya no es crimen—es táctica de guerra.
“Los grupos armados están utilizando la violencia sexual para aterrorizar, controlar y subyugar a las comunidades”, explica Manilla.
Refugios que no refugian
Con 1.4 millones de desplazados, los sitios improvisados se convirtieron en trampas. Mujeres jóvenes y niños mezclados sin protección.
“Las madres se ven obligadas a permanecer cerca porque cuando una hija comienza a crecer, puede convertirse en víctima en cualquier momento”, relata una sobreviviente.
Lo peor: casi el 70% de quienes buscan ayuda son desplazados. Y las clínicas no encuentran refugios dispuestos a aceptarlos—especialmente mujeres con hijos o embarazadas.
“Sin refugio seguro ni opciones de reubicación, damos de alta a pacientes directamente de regreso a la pesadilla”, advierte MSF.
Volverán. Ya lo han hecho—personas que regresan después de ser atacadas otra vez. El ciclo parece no tener fin mientras las pandillas controlen el 90% de la capital.
Internacional
Boric supervisa ayuda tras incendios que ya dejan 21 muertos
El presidente Boric entrega viviendas de emergencia mientras los incendios en el centro-sur de Chile dejan un saldo trágico y miles de damnificados.

Ayuda en medio de las cenizas
El presidente Gabriel Boric recorrió este miércoles la zona centro-sur de Chile, la más golpeada por una ola de incendios forestales que no da tregua. Su misión: encabezar la entrega e instalación de viviendas de emergencia para quienes lo han perdido todo.
“Lo que quiero transmitirles es que la ayuda está llegando”, dijo el mandatario desde un sector rural en las afueras de Concepción, capital del Bío Bío. La región es el epicentro de esta tragedia que comenzó el 17 de enero.
Un balance que duele
Las cifras oficiales son duras. Al menos 21 personas han fallecido y hay más de 330 heridos. Casi 3.800 viviendas han sido arrasadas por completo, según el último boletín del Servicio Nacional de Prevención y Respuesta a Desastres (Senapred).
Solo en Bío Bío, unas 3.400 casas quedaron destruidas, dejando a casi 21.000 personas damnificadas. Más de 420 siguen albergadas en refugios habilitados por las autoridades.
Equipos especializados trabajan aún para identificar si varios restos óseos calcinados corresponden a más víctimas.
“Seguimos combatiendo incendios, seguimos teniendo focos activos”, advirtió Boric, pidiendo “responsabilidad” ante la mayoría de focos causados por acción humana.
La respuesta gubernamental y lo que viene
Durante su visita —la cuarta desde el inicio de la emergencia—, Boric informó que más de 3.700 hogares están registrados para recibir bonos financieros. Los pagos, que ya superan los 3.000 millones de pesos (unos 3,5 millones de dólares), comenzaron el sábado.
Anunció también la instrucción para “iniciar la regularización de títulos de dominio con características de urgencia”. El objetivo: dar certeza a las familias sobre la propiedad del terreno donde estaba su casa.
Aunque no hay cifras oficiales del costo total, expertos y el futuro ministro de Hacienda estiman que la reconstrucción podría costar entre 300 y 600 millonesde dólares.
Más allá del papel moneda, en el terreno ya se han instalado más de 50 viviendas modulares. Agricultores afectados reciben kits para alimentar animales y apoyos para recuperar su producción.
Miles de bomberos, brigadistas y voluntarios seguían trabajando este miércoles para controlar una decena de incendios activos. La mitad están en Bío Bío. La lucha contra el fuego —y por reconstruir— sigue.
Internacional
Sicilia se desmorona mientras la política busca culpables
Un deslave masivo en Sicilia deja casas al borde del abismo y reaviva viejos debates sobre construcción en zonas de riesgo.

La tierra se mueve, las promesas también
Giorgia Meloni sobrevoló en helicóptero el desastre. Abajo, en Niscemi, una colina entera se desliza hacia el mar. Más de 1.500 personas evacuadas, casas colgando literalmente al borde de un acantilado de 20 metros. Las imágenes son de película de catástrofe, pero esto es Sicilia real.
“Toda la colina se está derrumbando sobre la llanura de Gela”, afirmó Fabio Ciciliano, jefe de Protección Civil. “Hay casas al borde que ya no pueden ser habitadas”.
El terreno sigue moviéndose. Es demasiado inestable para vivir ahí. Las autoridades hablan ya de reubicación permanente. No es volver a casa cuando pase la tormenta. Es buscar casa nueva.
El dinero llega, las preguntas también
El gobierno desbloqueó 100 millones iniciales. Las autoridades sicilianas calculan que los daños superan los 2.000 millones. La diferencia entre esas cifras te dice todo sobre lo que viene.
Meloni prometió que es solo el primer paso. Su oficina emitió un comunicado reconociendo lo obvio:
“La situación se complica porque, mientras el deslave siga activo, es imposible identificar el área exacta a tratar”.
Traducción: no sabemos ni dónde poner el dinero porque la tierra no para de moverse.
Esto ya pasó antes (y volverá a pasar)
Aquí está el patrón que me obsesiona: Niscemi no es nueva en esto. La ciudad se construyó sobre arena y arcilla que se vuelven inestables con lluvias fuertes.
En 1997, un deslizamiento similar evacuó a 400 personas. Los geólogos llevan décadas advirtiendo.
“Hoy la situación se repite con características aún más significativas”, advirtió Giovanna Pappalardo, geóloga de la Universidad de Catania.
¿Significativas? El frente del alud mide 4 kilómetros. Afecta directamente a casas construidas mirando al abismo.
La culpa es un juego político peligroso
El ciclón Harry azotó el domingo. Para el miércoles ya teníamos batalla política completa.
Renato Schifani, presidente regional de Sicilia (centro-derecha como Meloni), reconoce que las preguntas sobre por qué se permitió construir ahí son legítimas. Pero rápidamente añade: yo llevo poco tiempo en el cargo.
Mientras tanto, Elly Schlein, líder opositora, propone redirigir 1.000 millones del polémico puente a Sicilia-continente hacia las zonas afectadas. Un puente que está paralizado por pleitos judiciales.
Es la coreografía perfecta: tragedia natural → respuesta inicial → señalamientos políticos → debate sobre fondos alternativos. Lo he visto en demasiados desastres.
Lo único nuevo es la escala. Familias que hoy miran desde lejos cómo su casa podría caerse por un acantilado mañana. Y políticos que sobrevuelan el problema literalmente, prometiendo soluciones desde las alturas.

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