Cuando el G7 jugó al “tira y afloja” fiscal (y EE.UU. ganó, como siempre)
Parece que el G7, ese exclusivo club de economías que se creen dueñas del mundo, acaba de doblar las rodillas ante el gigante norteamericano. Sí, amigos, en un giro que nadie vio venir (mentira, todos lo vimos venir), las empresas estadounidenses se salvan de pagar el impuesto mínimo global. ¿Sorprendido? Nosotros tampoco.
Trump vs. Biden: la batalla fiscal que nadie pidió
Resulta que el gobierno de Donald Trump tenía un plan maquiavélico (o simplemente desesperado) para sabotear el acuerdo fiscal que Joe Biden firmó con 140 países en 2021. ¿La estrategia? Aumentar impuestos a empresas y personas no residentes en EE.UU., porque nada dice “América First” como un buen sabotaje económico internacional. Pero, oh sorpresa, el G7 decidió que mejor no jugar con fuego y le dio pase libre a las corporaciones yanquis. Gracias, capitalismo.
Según Bloomberg, los funcionarios de EE.UU. lograron eliminar esa parte del plan de Trump, porque al parecer, incluso en política fiscal, lo que importa es no hacer olas (o no hacerlas demasiado grandes). El comunicado oficial, emitido por Canadá (que este año preside el G7), suena tan diplomático que casi da ternura: habla de “preocupaciones”, “diálogo constructivo” y “soberanía fiscal”. Traducción: “No queremos problemas, señores, aquí está su exención”.
Lo más gracioso (o triste, dependiendo de tu nivel de cinismo) es que el Secretario del Tesoro de EE.UU., Scott Bessent, se presentó con una propuesta “lado a lado” (sí, entre comillas, porque suena como esos acuerdos de pareja que terminan en divorcio). Básicamente, las empresas estadounidenses no tendrán que seguir las reglas de inclusión de ingresos (IIR) ni las de ganancias subgravadas (UTPR). ¿Por qué? Porque “ya pagan impuestos en casa”. Claro, como si eso hubiera sido un problema antes.
Reino Unido: el aliado quejumbroso
Mientras tanto, el gobierno británico, siempre tan dramático, admitió que las empresas del Reino Unido estaban “muy preocupadas” por el tema. La ministra de Hacienda, Rachel Reeves, incluso se reunió con el Secretario del Tesoro estadounidense para decirle, en buen british: “Oye, esto no es muy fair play”. Pero al final, como en toda buena película de Hollywood, EE.UU. se salió con la suya.
El G7, en un intento por sonar relevante, declaró que eliminar la Sección 899 (esa parte molesta del plan de Trump) era “crucial para un entorno estable”. O sea, “si no cedemos, nos arruinan el mood”. Así que aquí estamos, con un sistema tributario internacional tan estable como un Jenga en un terremoto, pero con las corporaciones norteamericanas felices y sin pagar extra.
Moraleja: Si quieres ganar en el juego de los impuestos globales, asegúrate de ser la economía más grande del mundo. El resto, que se conforme con migajas.
¿Te sorprende este desenlace? Comparte esta joya de la diplomacia fiscal y sigue explorando cómo los poderosos juegan con las reglas… o las ignoran. #JustCapitalismThings




