Tragedia en el mercado: cuando la guerra se equivoca de blanco
La noticia llega como un golpe bajo, una de esas que te hace suspender el café a media mañana. Un ataque aéreo nigeriano contra rebeldes yihadistas impactó este sábado un mercado local en el noreste del país. El resultado: más de 100 civiles muertos, incluidos niños.
Las autoridades confirmaron un “fallo” en la operación, pero sin dar detalles. Ese silencio oficial habla más que cualquier comunicado.
Voces desde el terreno
Amnistía Internacional tiene las fotos. Isa Sanusi, su directora en Nigeria, lo dijo claro a The Associated Press:
“Tenemos sus fotos y entre ellos hay niños”.
“Estamos en contacto con la gente que está allí; hablamos con el hospital”, agregó. “Hablamos con la persona encargada de los heridos y hablamos con las víctimas”.
En el Hospital General de Geidam, un trabajador que pidió no ser identificado confirmó al menos 23 heridos recibiendo tratamiento. Los números reales suelen ser mayores.
Este no es un error aislado. Según recuentos de AP, al menos 500 civiles han muerto desde 2017 en fallos similares. Analistas señalan problemas graves: inteligencia deficiente y coordinación nula entre tropas terrestres y medios aéreos.
¿Qué pasó realmente?
El mercado atacado, cerca de la frontera entre los estados de Borno y Yobe, era según las autoridades un punto de abastecimiento para Boko Haram. Abdulmumin Bulama, miembro de un grupo civil que trabaja con el ejército, explicó:
“La información se compartió y el avión actuó con base en la información creíble”.
El gobierno estatal de Yobe confirmó que el objetivo era un bastión yihadista, pero admitió que “algunas personas… que fueron al mercado semanal se vieron afectadas”. Un eufemismo brutal para describir decenas de muertos.
El ejército, por su parte, celebró un “ataque exitoso” contra un “centro logístico” terrorista donde mataron a “decenas” que se movían en motocicletas. No mencionó civiles, pero recordó que las motos están prohibidas en zonas conflictivas.
Patrón peligroso
Amnistía Internacional ya pidió una investigación independiente. Acusan al ejército de ser “aficionado” a etiquetar bajas civiles como bandidos.
Nigeria enfrenta una crisis compleja: una insurgencia de más de diez años en el norte, con grupos como Boko Haram y su facción afiliada al Estado Islámico. La respuesta militar parece tan letal como desordenada.
Cuando los protocolos fallan sistemáticamente, no son accidentes. Son políticas fracasadas que pagan civiles con sus vidas mientras compran comida en el mercado.




