La violencia política regresa a escena
A dos meses de las elecciones, Colombia despierta con una noticia que pensábamos superada. La oposición denunció una amenaza de muerte contra Paloma Valencia, candidata conservadora. Una corona fúnebre con su imagen circulando en redes sociales.
El expresidente Álvaro Uribe, líder del Centro Democrático, fue quien dio la alerta. Publicó en redes un llamado para “cuidar a Paloma” junto a la imagen perturbadora. La propia Valencia también reportó actos de vandalismo contra la sede de su partido en Bucaramanga.
Las reacciones oficiales
El ministro de Defensa, Pedro Sánchez, respondió rápido. Escribió en redes que “quien amenaza a un candidato, amenaza a la democracia”. Aseguró que ya desplegaron a la Fuerza Pública para proteger a todos los aspirantes.
“No lo toleraremos”
Sánchez incluso ofreció recompensa por información que prevenga ataques. Mientras tanto, la Defensoría del Pueblo pidió a la Fiscalía investigar expedita y determinar riesgos contra la vida de Valencia.
La defensora Iris Marín rechazó las amenazas públicamente. Aplaudió que el gobierno y otros sectores busquen garantizar un proceso “libre y en paz”.
Lo notable es que las condenas cruzaron líneas partidistas. Iván Cepeda, del oficialista Pacto Histórico, condenó “cualquier forma de agresión contra mis adversarios”. Abelardo de la Espriella, otro candidato opositor, se solidarizó con Valencia.
Un fantasma familiar
Esto duele más porque no es algo nuevo. El año pasado, el legislador Miguel Uribe Turbay fue asesinado en un acto político. Perteneció al mismo partido que Valencia. La Fiscalía dijo que disidencias de las extintas FARC ordenaron el ataque.
Y no son casos aislados. Candidatos al Congreso como María Bolívar Maury y Mauricio Martínez denunciaron ataques frustrados recientemente. En febrero, la senadora indígena Aida Quilcué fue secuestrada y luego liberada.
Colombia vota el 31 de mayo para elegir sucesor de Gustavo Petro. Pero hoy la pregunta no es quién ganará, sino si podrán votar sin miedo. La violencia política sigue siendo una sombra larga sobre esta democracia.




