El fantasma de la guerra cambia las reglas
Alemania está dejando atrás décadas de culpa. La invasión rusa a Ucrania sacudió los cimientos de su política exterior. De repente, ser el país que “nunca más” ya no es suficiente. Ahora el lema es “nunca más solos”.
El ministro de Defensa, Boris Pistorius, lo dejó claro: quiere a Alemania como la mayor potencia militar de Europa. Y no es solo retórica. El gobierno proyecta gastar casi 180 mil millones de euros en defensa para 2030. También planea aumentar las tropas a 260 mil soldados para 2035. Es un salto enorme para un país que, tras la Segunda Guerra Mundial, se escondió detrás de sus aliados.
Dos momentos que lo cambiaron todo
Todo empezó con la “Zeitenwende” —el punto de inflexión— que anunció el canciller Olaf Scholz en 2022, justo después de que Rusia invadiera Ucrania. Luego, Friedrich Merz, el actual jefe de gobierno, dio el paso más polémico: flexibilizar el límite de endeudamiento para financiar el rearme. En Alemania, eso es casi un pecado nacional.
Pero no todo es tan sencillo. La memoria histórica pesa. El historiador Sönke Neitzel recuerda que el fantasma del Holocausto sigue presente en cada decisión militar. Durante años, Alemania delegó su seguridad en Estados Unidos, Francia o Reino Unido. Ahora, ese rol pasivo se acabó.
“La memoria histórica sigue influyendo en la percepción del ejército alemán” — Sönke Neitzel
El cambio es real, pero incómodo. La sociedad alemana todavía debate si este rearme es necesario o una traición a su pasado. Mientras tanto, Ucrania sigue siendo el campo de prueba de esta nueva Alemania: uno de los mayores apoyos de Kiev, tanto en armas como en dinero.
La pregunta que queda es si este giro durará más allá de la guerra. O si, como otras promesas diplomáticas, se romperá cuando el ruido de los tanques se apague.




