Para Lourdes Munguía la comida va más allá del placer. La actriz, de 65 años, asegura que detrás de cada platillo hay recuerdos que construyen una memoria emocional.
“El mole negro me recuerda mucho a mi abuelita, a mi mamá, el olor en la cocina desde temprano haciéndolo, con una plática, una convivencia en familia que es linda”, relata.
El carácter como mezcla de ingredientes. Munguía observa la vida como una combinación donde también caben las emociones complejas. El sufrimiento, dice, es un condimento que ha aprendido a mirar distinto con los años.
“Todas las cosas y sufrimientos nos han formado carácter y somos lo que somos por eso. Yo no conozco a una persona que no haya sufrido. Cuando yo sufro volteo a la izquierda y a la derecha y digo: ‘Perdón Dios por darle mal uso a tu energía'”, explica.
Hoy mira a otras mujeres con empatía. Piensa en las historias detrás de la rutina diaria. “Veo lo fuertes que son las mujeres. Veo a una mesera y digo: ‘¿Cómo me quejo si le deben doler los pies todo el día de estar parada? ¿De qué me quejo yo? ¿De los tacones?'”, reflexiona.
Nueva mirada hacia los jóvenes
La actriz también observa a las nuevas generaciones de intérpretes y confiesa que ha aprendido de ellos.
“Me encantan los actores nuevos, traen un chip increíble. Llegan con su tablet, traen una memoria impresionante y un concepto muy padre de la gráfica de su personaje. Aprendo de ellos y de ese ritmo”, señala.
Esa energía y lo aprendido de otras mujeres están presentes en “Lupita”, monólogo de Francisco Oyanguren. La obra sigue la historia de una cocinera, madre soltera que lucha por sacar adelante a sus hijos mientras enfrenta el dolor de ver cómo el crimen organizado y las drogas amenazan con cambiar sus vidas.




