La receta de Gael García para un mundo aterrador: más películas, menos pánico
Parece que la humanidad, en su infinita sabiduría, ha decidido que la era actual debe ser gobernada por el miedo. Miedo a todo, desde un virus hasta el vecino, pasando por el futuro y, por supuesto, el temible algoritmo de las redes sociales. Pero no teman, ciudadanos aterrorizados, porque Gael García Bernal, nuestro querido actor y ahora filósofo de cabecera, ha descendido del Olimpo cinematográfico con la solución definitiva. ¿La respuesta a este apocalipsis emocional que vivimos a diario? No son vacunas, ni terapia grupal, ni siquiera apagar el noticiero. Es, ni más ni menos, que hacer películas. Sí, han leído bien.
El intérprete, a quien recordaremos por habernos mostrado los placeres y dramas de la adolescencia en “Y tu mamá también” y por conquistar el mundo de la música clásica (o algo así) en “Mozart in the Jungle” –rol que le valió un Globo de Oro, para que no se diga que no tiene credenciales–, se presentó ante la prensa en el Festival Internacional de Cine de Morelia. Un escenario perfecto, porque ¿dónde más podría uno proclamar semejante revelación si no es en un templo del séptimo arte?
Aniversarios, documentales y una misión épica
El contexto no podía ser más propicio. García Bernal no solo fue a Morelia a tomarse selfies o a disfrutar del mezcal local. No, su misión era doble y épica. Por un lado, conmemorar el cuarto de siglo de “Amores perros“, esa película que nos traumatizó a todos con perros, accidentes automovilísticos y la cruda realidad de la Ciudad de México, y que de paso nos hizo preguntarnos si alguna vez deberíamos subirnos a un taxi again. Por el otro, apoyar el documental “ASCO“, del cual funge como productor. Un título que, irónicamente, es probablemente la misma reacción que muchos tienen al prender la televisión y ver las noticias.
Fue en este santuario del celuloide donde el actor soltó la perla de la sabiduría contemporánea. Con la solemnidad de un profeta bíblico, pero con mejor estilo, subrayó que ahora se viven momentos de miedo en el que el arte ayudaría. Una idea tan romántica que casi hace llorar, si no fuera porque uno se imagina intentando detener una balacera o una crisis económica con una proyección de “El Padrino”.
Su diagnóstico, eso sí, es impecable. “Veo un tiempo de mucho miedo, donde el miedo está ganando“, declaró. Qué alivio saber que no somos los únicos que sentimos que el mundo se ha convertido en un episodio particularmente deprimente de “Black Mirror”. Pero he aquí la brillante estrategia de contraataque: “hay que seguir escribiendo libros y haciendo película para vencerlos“. Así es, mientras los mercados se colapsan y los conflictos geopolíticos escalan, nosotros estaremos en el cine, comiendo palomitas, en la primera línea de batalla.
La visión final de Gael es, sin duda, idílica. Cree que esta ofensiva cinematográfica permitirá “seguir conversando las cosas y seguir discutiendo con mucha más paz en la conversación y la discusión“. Una idea encantadora, aunque uno no puede evitar preguntarse si ha visto alguna vez la sección de comentarios de un trailer en YouTube. ¿Películas para fomentar el diálogo pacífico? Quizás deberíamos empezar por proyectar “Toy Story” en el consejo de seguridad de la ONU.
Más allá de la ironía fácil, la propuesta del actor toca una fibra sensible. En una sociedad hiperconectada y sobreinformada, pero paradójicamente más aislada y medrosa, la creación artística se erige como un faro de humanidad. Las producciones audiovisuales, los largometrajes y la narrativa fílmica son espacios donde se pueden explorar y exorcizar nuestras ansiedades colectivas. El cine mexicano, en particular, con su tradición de reflejar las complejidades sociales, tiene un papel crucial. No se trata de que una película desactive una bomba, sino de que puede, quizás, desactivar un prejuicio o abrir una mente. El festival de Morelia se consolida así no solo como una vitrina, sino como una trinchera cultural.
¿Es una solución naive? Tal vez. Pero en un mundo que a menudo elige el grito sobre la razón, la idea de combatir el pánico con creatividad, con historias, con la simple y poderosa acción de sentarse en una sala oscura a compartir una experiencia emocional, suena no solo necesaria, sino revolucionariamente sensata. Al final, quizás Gael no esté tan equivocado. La próxima vez que sientas que el miedo te gana la partida, en lugar de refrescar compulsivamente tu feed de noticias, ve a ver una película. O mejor aún, haz una. ¿Qué podría salir mal?
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