La resiliencia de una campeona puesta a prueba otra vez
Lindsey Vonn está en el hospital. La estadounidense de 41 años fue sometida a una doble cirugía para reparar una fractura de fémur en su pierna izquierda, tras aquella caída que nos dejó sin aliento en la pista Olympia.
“Quizás permanezca aquí unos días más”, anunció esta mañana un portavoz de la autoridad sanitaria local.
El Hospital Ca’ Foncello de Treviso, uno de los centros médicos clave para estos Juegos, confirmó que los cirujanos ortopédicos trabajaron con fijación externa. Su médico personal estuvo presente, pero fueron los especialistas italianos quienes guiaron el procedimiento.
Lo que duele más allá del hueso
Esta no era cualquier competencia. Vonn había vuelto en 2024, cinco años después de su retiro, con un objetivo claro: despedirse justamente aquí, en Milán-Cortina 2026. Planeaba cerrar su carrera olímpica donde empezó a soñar con medallas.
Y llegaba como candidata. Todos recordamos ese oro en Vancouver 2010, ese bronce ocho años después en Pyeongchang. El público escuchó sus gritos de dolor cuando se estrelló apenas segundos después de comenzar el descenso libre.
La mente de una competidora
Lo increíble es que ya competía lesionada. Había confirmado su presencia pese a una rotura del ligamento cruzado en esa misma rodilla izquierda, sufrida meses antes en Crans Montana.
Ahora enfrenta otra recuperación. Los reportes indican que la segunda cirugía buscaba “prevenir complicaciones relacionadas con la inflamación y la circulación sanguínea”. Se queda en Ortopedia, esperando nuevos boletines médicos.
Conozco esa sensación desde mi propia lesión universitaria. Duele el cuerpo, sí. Pero duele más ver interrumpido el proceso, ese camino hacia un objetivo por el que has trabajado años.
Vonn nos enseñó a ganar. Ahora, desde una habitación de hospital italiano, nos da otra lección sobre lo que significa levantarse cuando todo parece terminar.




