Un pulgar arriba desde el hospital
Lindsey Vonn sigue dando lecciones de fortaleza mental. La esquiadora estadounidense acaba de pasar por el quirófano por tercera vez tras la compleja fractura de tibia que sufrió en los Juegos de Milán-Cortina.
Desde su cama de hospital, con un armazón metálico en la pierna, compartió un mensaje que demuestra por qué es una referente. El éxito hoy tiene un significado completamente distinto, escribió en Instagram.
“Estoy avanzando y, aunque es lento, sé que estaré bien”
Esa frase resume toda una filosofía. Vonn sabe de lo que habla – lleva años bailando con las lesiones. Nueve días antes del accidente olímpico, ya se había roto el ligamento cruzado anterior de esa misma rodilla izquierda.
La caída que paralizó Cortina
El domingo de competencia, a solo 13 segundos de iniciar su descenso, todo se truncó. La evacuación fue en helicóptero. Su padre, Alan Kildow, confirmó a AP que la familia no se separa de ella “en todo momento” en el hospital de Treviso.
Lo increíble es el contexto: Vonn llegaba a estos Juegos como la gran historia inspiradora. Retirada casi seis años, había regresado en diciembre 2024 tras una cirugía para colocar un reemplazo parcial de titanio en su rodilla derecha.
Y venía arrasando: era la mejor velocista de la temporada, con dos victorias y podios en siete de ocho carreras. La otra fue un cuarto puesto.
Ahora, mientras se recupera, su mente está con sus compañeras:
“Enormes felicitaciones a mis compañeras de equipo y a todos los atletas del equipo de Estados Unidos que están ahí afuera inspirándome”
Esa es Lindsey Vonn. Con el cuerpo roto pero el espíritu intacto, animando a quienes siguen compitiendo. La reina de Cortina – tiene 12 victorias de Copa del Mundo aquí – demuestra que las campeonas no se miden solo por medallas.
Se miden por cómo se levantan.




