El “Bebote” que no hacía golpes… porque estaba roto
Parece que el gran enigma detrás del pobre rendimiento de Santiago Giménez en el AC Milan no era su falta de calidad, ni un problema de adaptación a la pasta italiana, sino algo mucho más mundano y doloroso: un tobillo hecho añicos. Qué alivio, ¿no? Llevaba meses jugando como si estuviera atado con alambres, y nosotros, los brillantes aficionados, especulando con mil teorías mientras el jugador, en un acto de heroicidad temeraria (o quizá de pura cabezonería), se inyectaba y salía a la cancha a sufrir en silencio. Una verdadera epopeya de la estupidez deportiva.
El propio Massimiliano Allegri, con esa calma que caracteriza a los técnicos italianos, había soltado la perla de que quizás, tal vez, con suerte, podrían contar con él para el próximo partido. Claro, porque nada ayuda más a una lesión que la presión de un clásico. Pero Santiago, en un arranque de sensatez inusual en este circo, tomó las riendas (y su teléfono) para aclarar el asunto: no, no va a jugar. Al menos tendrá un mes para pensar en la vida, lejos de los rigores de la Serie A.
El comunicado que lo cambió todo (o al menos nos sacó de dudas)
En un mensaje cargado de una sinceridad que duele casi tanto como su tobillo, el canterano del Cruz Azul confesó: “Durante varios meses he venido jugando con una lesión en el tobillo que no me ha permitido estar al 100%”. Vaya, ¿así que no era falta de actitud? Qué sorpresa. El dolor, nos cuenta, fue creciendo hasta que, oh milagro de la razón, llegó el momento de parar. Una decisión revolucionaria en el mundo del fútbol, donde jugar lesionado es casi un requisito para el currículum. Su mensaje, rematado con un “Dios tiene el control”, deja la recuperación en manos divinas. Esperemos que los médicos del Milan también tengan algo que decir.
Y mientras tanto, en la tabla de posiciones…
El impacto de esta baja es tan claro como un penal fallado. El Milan, cómodamente (o no) en tercer lugar de la Serie A, se queda sin un delantero que, aunque no metía goles, al menos ocupaba espacio en la defensa rival. Con 21 puntos, uno menos que el líder Napoli, la ausencia de Giménez, sumada a su estadística de 0 goles y 0 asistencias en 9 partidos, es como quitarle el motor de arranque a un Ferrari: quizás no era lo que más empujaba, pero ahora ni siquiera arranca. Una mala noticia de pronóstico reservado para el equipo rossonero.
Y no se olviden de la Selección Mexicana, siempre al acecho de cualquier drama que pueda afectar su ya de por sí complicado momento. La última fecha FIFA del año se acerca, y el cuerpo técnico, que seguramente tenía planeado todo alrededor de un delantero que no puede correr al 100%, ahora tendrá que buscar alternativas. Porque, claro, la lesión de Santiago es un “reto adicional”, un eufemismo maravilloso para decir “estamos en un problema serio”.
¿Qué lección nos deja este episodio? Tal vez que en el fútbol moderno, a veces, la valentía se confunde con la imprudencia, y que un jugador vale más sano en el banquillo que roto en el campo. O quizá es solo otro capítulo absurdo en la eterna novela de un deporte que nunca deja de sorprender con sus contradicciones.
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