La Doctrina Trump: Disparar primero, tuitear después, preguntar… quizás nunca
En un alarde de sofisticación diplomática que solo se puede comunicar adecuadamente con mayúsculas sostenidas y a través de una red social llamada, irónicamente, “Verdad” (Truth), el presidente Donald Trump anunció este lunes que las Fuerzas Militares de Estados Unidos habían llevado a cabo su segunda “acción cinética”. Porque, ¿qué mejor manera de abordar complejas relaciones internacionales que con un eufemismo que suena a película de ciencia ficción y un post en internet?
El objetivo, según el comunicado presidencial: “cárteles del narcotráfico y narcoterroristas, identificados con seguridad y extraordinariamente violentos”. La ubicación: aguas internacionales. El resultado: tres hombres muertos, a los que el mensaje se refiere con la precisión científica de “tres terroristas varones”, por si alguien pensaba que podían ser terroristas hembras o, peor aún, terroristas de un género no binario. ¡Gracias por la aclaración, señor presidente!
La máquina de la guerra contra las drogas (y la coherencia)
Según la narrativa de la Administración, estos supuestos narcotraficantes venezolanos representaban una amenaza inminente tan grave para la seguridad nacional que justificaba un ataque militar preventivo. Por supuesto, todo esto se basa en inteligencia irrefutable que, por alguna extraña razón, nunca se hace pública. ¿Recuerdan aquellas interceptaciones de comunicaciones que confirmaban todo en el primer ataque? Sí, nosotros tampoco las hemos visto. Deben estar en la misma caja fuerte donde guardan los resultados de los exámenes de salud de Trump y el plan de infraestructuras.
El presidente republicano, en un arrebato de proteccionismo quijotesco, advirtió que cazará a quienes transportan drogas que “matan estadounidenses”. “Lo han hecho durante décadas”, escribió. “Pero ya no”. Porque es bien sabido que un conflicto armado internacional es la solución definitiva y libre de consecuencias para un problema de salud pública y adicción doméstica. ¿Quién necesita centros de rehabilitación, educación y políticas de salud mental cuando se tienen portaaviones y tweets en mayúsculas?
La respuesta venezolana y el espectáculo del Caribe
Del otro lado del ring, el presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, no se queda atrás en este absurdo duelo retórico. Acusa a Trump de buscar una excusa para invadir su país y derrocarlo, mientras la administración estadounidense lo señala como el capo de todos los capos. Mientras tanto, ocho buques militares y un submarino estadounidense patrullan el Caribe en la operación anti-narcóticos más intimidatoria de la historia reciente. Porque nada dice “estamos aquí para ayudar con su problema de drogas” como un despliegue de poderío militar capaz de tumbar un gobierno pequeño.
Maduro relató un episodio independiente que suena a comedia de errores: un destructor de la Marina estadounidense abordó y retuvo durante ocho horas a un barco atunero. “Eso es un bochorno”, dijo el mandatario venezolano. “Lo que estaban buscando era un incidente militar”. Y uno no puede evitar imaginar la escena: marineros de élite armados hasta los dientes, abordando un barco lleno de atún, buscando desesperadamente cocaína entre las latas. ¡Operación Dorado! ¡Misión Atún-liminar! Las posibilidades humorísticas son infinitas.
Trump, por su parte, jugando al golf en su campo de Bedminster, respondió con la profundidad geopolítica que le caracteriza cuando le preguntaron sobre más ataques: “Veremos qué pasa. Ciertamente, no hay muchos barcos por ahí desde el primer ataque”. Y añadió, con la satisfacción de quien ha resuelto el tráfico de drogas para siempre: “Casi no vemos barcos, lo cual está bien“. Claro, porque si no ves barcos, el problema ha desaparecido mágicamente. Es la misma lógica que usar si cierras los ojos y no ves las deudas nacionales: ¡poof, desaparezcan!
Mientras los líderes juegan a la guerra y al despliegue retórico, Estados Unidos sufre la peor crisis de drogas de su historia, con cientos de miles de muertes por opiáceos como el fentanilo. Pero hey, al menos tenemos a tres “terroristas varones” menos en el mar. Eso seguro que solucionará el problema de adicción en Ohio o Pennsylvania. ¿Verdad?
Este espectáculo tragicómico en alta mar sirve como perfecta metáfora de nuestra era: problemas complejos reducidos a eslóganes simples, acciones militares anunciadas como si fueran ofertas del Black Friday, y una crisis humanitaria tratada como si fuera un videojuego donde se acumulan puntos por bajas enemigas. ¿Legalidad? ¿Transparencia? ¿Proporcionalidad? Esas son palabras demasiado largas para un tweet, y probablemente no quepan en mayúsculas.
¿Qué sigue en este capítulo de “Juegos de Poder”? ¿Un tercer ataque anunciado via TikTok? ¿Un submarino nuclear persiguiendo a un kayak sospechoso? Con esta administración, todo parece posible mientras haya likes y retuits garantizados.
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