La Máxima Casa de Estudios enciende motores para su gran transformación
El rector Leonardo Lomelí Vanegas levantó el telón esta semana. No con un discurso cualquiera, sino con el acto inaugural del Foro de análisis sobre el futuro de la UNAM. Este es el pistoletazo de salida oficial para un proceso que pretende reescribir, página a página, el manual de operación de la universidad más importante del país.
Y lo primero que hizo fue mandar un mensaje tranquilizador a la comunidad universitaria, siempre celosa de sus tradiciones.
“La reforma no busca alterar la esencia de la UNAM, sino consolidar sus principios fundamentales”, subrayó Lomelí Vanegas desde el podio.
Autonomía, carácter público, vocación nacional y prestigio internacional. Esos son los pilares que, según el rector, no se tocan. El cambio viene por otro lado.
Un mundo nuevo exige una universidad nueva
La verdadera presión para reformar no viene de dentro, sino del afuera. Un afuera que avanza a velocidad de vértigo. Lomelí lo dijo claro: los avances científicos y tecnológicos nos están dando una bofetada de realidad. Los modelos de enseñanza y gestión que servían ayer hoy chirrían y hacen agua.
Por eso la mira está puesta en revisarlo casi todo: estructuras académicas, normativas y administrativas. La idea es desempolvar lo que ya no sirve y construir sobre lo sólido.
Pero ojo, esto no será un decreto desde arriba. El rector prometió un proceso plural e incluyente. Estudiantes, académicos y personal administrativo tendrán voz y voto. Se trata, en sus palabras, de fortalecer la vida colegiada y mejorar la representatividad.
Es una jugada inteligente. En una institución con tanta historia y tanto orgullo, imponer cambios es la receta perfecta para el conflicto. Mejor construir consensos.
Y aquí viene lo más interesante: esta no será una reforma express. Lomelí habló de un cambio gradual y con visión de largo plazo. No se trata de parches rápidos para salir del paso.
El horizonte que dibuja está lleno de monstruos: desigualdades sociales que se profundizan, crisis ambientales que nos ahogan y tensiones globales que nos sacuden. Frente a ese panorama desafiante, la UNAM necesita estar más preparada y más vinculada con la sociedad que nunca.
El mensaje final es potente: podemos honrar nuestra gloriosa historia sin convertirnos en prisioneros de ella. El futuro llama a la puerta de Ciudad Universitaria. Y parece que esta vez sí piensan abrirle.




