Un día caliente en el Golfo
La Marina de Estados Unidos anunció este martes que uno de sus aviones derribó un dron iraní. El aparato se acercaba al portaaviones USS Abraham Lincoln en el Mar Arábigo.
El Pentágono dice que el dron se aproximó de forma “agresiva” y con “intenciones poco claras”. Aseguran que ignoró las advertencias antes de ser eliminado.
“Continuó volando hacia el barco a pesar de las medidas de desescalada tomadas”, declaró el capitán Tim Hawkins, portavoz del Comando Central.
El incidente no ocurrió en el vacío. Horas antes, según Washington, fuerzas iraníes habían hostigado a un buque mercante con bandera estadounidense en el estrecho de Ormuz.
Un patrón que se repite
Y luego, horas después del derribo, la historia se repitió. La Guardia Revolucionaria iraní volvió a acosar a otro petrolero, el Stena Imperative.
El comunicado militar detalla que dos barcos y otro dron se acercaron al mercante “a alta velocidad”. Incluso amenazaron con abordarlo y apoderarse de la nave.
La respuesta estadounidense fue rápida. El destructor USS McFaul intervino para escoltar al petrolero hasta aguas seguras.
Aquí está el dato crucial: todo esto pasa mientras la administración Trump sigue presionando a Teherán para que negocie. Y usa la amenaza militar como palanca.
Es la misma película que hemos visto antes. Un movimiento, una respuesta, una escalada calculada. El Golfo Pérsico es otra vez un tablero de ajedrez geopolítico, y los buques mercantes son los peones.
La pregunta ahora es si esto es solo otro capítulo de tensión controlada… o el preludio de algo más grande.




