El rol de la IA en el romance moderno
Marie Lansley llegó hace poco a San Francisco y, mientras busca pareja, decidió probar con la inteligencia artificial. “He probado de todo”, dice la ingeniera de 36 años, quien consulta chatbots como ChatGPT y Claude para que la ayuden a iniciar conversaciones en apps de citas. “Estoy abierta a que la IA encuentre al amor de mi vida, pero no estoy totalmente convencida”, afirma. “La química siempre va a ser analógica”.
Cada vez más personas usan chatbots para redactar mensajes o interpretar respuestas. La entrenadora de citas Carey Gaynes lo compara con Cyrano de Bergerac: “Estás usando una voz que no es la tuya”. Le preocupa la dependencia excesiva, aunque reconoce que puede ser útil.
Mason Naung, estudiante de 25 años en Los Ángeles, solo recurre a la IA para romper el hielo inicial. “Si los mensajes van más allá, sería una pequeña señal de alerta”, señala. Dani Cohen, empresaria de San Diego, prefiere un mensaje de despedida escrito por IA a que la “ghosteen”. “Cualquier cosa que haga que la gente se comunique de manera amable es genial”, dice.
Otras voces son más críticas. Clara Sullivan, estudiante de 22 años, no respondería a un perfil que use IA. “Da miedo lo dependiente que es la gente. Ha eliminado la capacidad de pensar creativamente”, afirma. Una encuesta del Pew Research Center revela que el 53% de los adultos en EE.UU. cree que la IA empeorará la creatividad, y la mitad opina que afectará las relaciones significativas.
Las apps de citas ya integran IA. Tinder tiene Chemistry, Hinge usa iniciadores con IA, y Bumble planea eliminar el swipe para priorizar el emparejamiento automatizado. Su CEO, Whitney Wolfe Herd, asegura que la tecnología “debería hacer que el amor se sienta más humano, no menos”.
Mohammed Nizami, de 23 años, no usa IA para citas. “Todos anhelamos conexión auténtica. Si hay un filtro, no es buena manera de empezar”, opina. Jake Clay, creador de contenido en Nueva York, califica la situación como un “círculo vicioso” que elude procesos sagrados de la vida. “Es triste delegar algo tan fundamental a una IA que no entiende emociones”, lamenta.
A pesar de las reservas, la fusión entre IA y citas parece inevitable. La eficiencia gana terreno, pero la autenticidad sigue siendo el desafío.




