La versión oficial y los rieles que no cuadran
La Fiscalía General de la República (FGR) ya tiró su veredicto: el descarrilamiento del Tren Interoceánico no fue por un problema en la vía. Mientras tanto, el servicio para pasajeros sigue suspendido. ¿Alguien más ve la contradicción?
Claudia Sheinbaum, en su conferencia mañanera desde Palacio Nacional, anunció que siguen los trabajos para la reapertura y la certificación. El discurso es de avance, pero los hechos muestran un tren quieto.
“Siguen trabajando la empresa TUV Internacional, junto con la Agencia de Transporte Ferroviario y el Tren Interoceánico para poder resolver todas las sugerencias que se están planteando”, dijo la presidenta.
Para carga ya opera. Para personas, no. La promesa es esperar a que se cumplan “todas las sugerencias” de certificación. Suena razonable, hasta que recuerdas que la FGR ya exoneró a la infraestructura.
Reparación del daño: ¿Cierre rápido o justicia real?
Rosa Icela Rodríguez, de Segob, declaró terminado el proceso de reparación para 225 pasajeros afectados. Entre ellos, las 14 personas fallecidas y alrededor de 100 heridos.
“Absolutamente a todas se les atendió y hubo reparación del daño”, comentó.
Un trámite administrativo cerrado con eficiencia burocrática. Pero cuando un tren descarrila y muere gente, las preguntas sobre el porqué pesan más que los cheques firmados.
Sheinbaum reafirma que se toman “todas las medidas necesarias” para garantizar seguridad. La memoria es corta: hace poco más de un año otro tren de carga descarriló en Nayarit. Las promesas de entonces suenan idénticas a las de hoy.
La verdad duele más que un hueso roto: puedes indemnizar a las víctimas, pero si no arreglas lo que realmente falló, solo estás comprando tiempo hasta el próximo accidente.




