El teatro del huachicol tiene un nuevo acto en Yucatán
Y esta vez, el escenario fue un predio junto a la carretera Mérida-Valladolid, en el municipio de Seyé. Allí, soldados y Guardia Nacional protagonizaron una escena que se repite con inquietante frecuencia.
El guión lo conocemos: una bodega clandestina, equipo para extraer combustible y cientos de miles de litros de hidrocarburo listos para alimentar un mercado negro que sangra al país. El botín esta vez fue contundente.
Las comandancias de la X Región Militar y de la 32/a. Zona Militar informaron que aseguraron 1 inmueble, 338,610 litros de hidrocarburo, 2 remolques, así como diversos materiales y equipo para la extracción ilegal.
Esas cifras no son solo números. Son el volumen de una industria clandestina que opera a plena luz del día. Más de trescientos treinta mil litros. Imaginen la cola de camiones cisterna necesaria para mover eso.
Lo más revelador —y preocupante— está en la última línea del comunicado oficial: “No es primera ocasión que en Yucatán se detecta bodega de ‘huachicol'”. Ahí está la clave.
Esto no es un golpe aislado. Es el síntoma de una red arraigada. Cada operativo como este es como atrapar a un actor en escena, pero el teatro completo sigue funcionando tras bambalinas.
El material asegurado ahora está en manos de las autoridades para “determinar su situación jurídica”. O sea, comienza el largo proceso legal mientras los verdaderos dueños del negocio probablemente ya están montando la siguiente función en otro municipio.
Mi padre tenía razón: la política —y la seguridad— se viven en lo concreto. Esto afecta el precio que pagas por llenar tu tanque, la seguridad de las carreteras y los recursos que le faltan al país. No es teatro lejano; es el drama diario que pagamos todos.




