La diplomacia mexicana se repliega desde Teherán
La escena es inédita. La Embajada de México en Irán está vacía. Las luces apagadas. La bandera tricolor, seguramente guardada. Desde este martes, la representación diplomática opera de manera remota desde Azerbaiyán, un vecino al norte.
“Debido a la situación que prevalece en el país, la Embajada permanecerá cerrada y operará temporalmente de manera remota”, informó la sede a través de X.
Es un movimiento estratégico, un repliegue táctico. No es una evacuación total, pero sí un claro mensaje: las condiciones en suelo iraní no permiten operar con normalidad. La Secretaría de Relaciones Exteriores (SRE) lo confirmó ayer.
¿Y los mexicanos atrapados en el teatro?
Aquí está el corazón del asunto. El cierre físico no significa abandono. La sección consular sigue activa, pendiente de la asistencia y protección a connacionales. Pero hay un gran pero: todos los trámites presenciales están suspendidos.
Para quien necesite ayuda, hay un salvavidas: el número +98 912 122 4463 y el correo [email protected]. Es el nuevo canal vital.
El resto de embajadas mexicanas en la región están en alerta permanente. Su misión: contactar autoridades locales y a la comunidad para identificar las rutas terrestres más seguras hacia la salida. Es un operativo de contención.
La preocupación entre los mexicanos que viven o están atrapados en Irán es palpable. Gestionar un pasaporte perdido o una emergencia médica ahora depende de una línea telefónica y la eficacia de un equipo trabajando a miles de kilómetros.
La cancillería reitera su compromiso, pero la realidad es cruda: la diplomacia frente a frente ha sido reemplazada por llamadas y correos. En medio de una crisis, cada kilómetro de distancia cuenta. Y hoy, esa distancia se ha ampliado.




