El ‘Plan B’ que huele a ventaja
Tras el rechazo de su primera reforma, Claudia Sheinbaum presenta un nuevo paquete de cambios electorales. Los expertos no se tragan el cuento: dicen que es menos radical, pero igualmente peligroso.
La joya de la corona es la revocación de mandato. Originalmente una herramienta ciudadana, ahora podría convertirse en el trampolín perfecto. ¿La jugada? Mover la consulta para que coincida con las elecciones intermedias.
“Hoy el Plan B se está convirtiendo en un ritual para potenciar la publicidad electoral de la presidenta de la República”,
Esa es la lectura cruda de José Woldenberg, ex-presidente del IFE. No anda solo. Javier Martín Reyes y Tito Garza Onofre coinciden: esto rompe con décadas de consenso en materia electoral.
Un privilegio constitucional a medida
Lo grave no es solo el timing. La propuesta le daría a Sheinbaum un “privilegio constitucional” único, según Martín Reyes. Podría hacer campaña desde su cargo sin pedir licencia, algo negado a cualquier otro contendiente.
Además, incluye ajustes salariales y recorta financiamiento a los partidos ‘bisagra’. Traducción: se debilita a la oposición y se fortalece al oficialismo. La imparcialidad del sistema pende de un hilo.
Los analistas tienen la memoria larga. Recuerdan cuando los cambios electorales se construían con acuerdos y escuchando a todos. Este plan viene empaquetado desde arriba, sin diálogo real.
El mensaje final es claro: aunque menos agresiva que su predecesora, esta reforma crea un escenario de alto riesgo. Si pasa así, las elecciones del 2027 podrían ser una carrera con el gobierno llevando ventaja desde la salida.
La democracia no se gana en las urnas si el campo de juego está inclinado desde un principio.




