Porque aparentemente, el gigante de todo lo vendible ahora también vende soluciones hídricas
En un giro argumental que ni el guionista más creativo de Amazon Prime se habría atrevido a soñar, la Secretaría de Gestión Integral del Agua (Segiagua, para los cuates) anunció con bombo y platillo que ha dejado que el titán del comercio electrónico meta las manos en las tuberías de la Ciudad de México. Sí, la misma empresa que te lleva un paquete de papel higiénico en dos horas ahora está optimizando el flujo del agua potable. ¿Próximo paso? ¿Subscription-based para la ducha?
El titular de la dependencia, José Mario Esparza</strong, se mostró tan eufórico como un niño en un cumpleaños, anunciando que, gracias a esta alianza público-privada (o como yo le llamo, “dejemos que el privado pague”), se han ahorrado la astronómica cantidad de 70 litros por segundo. ¡70! Una cifra tan específica que solo pudo ser medida con la misma precisión con la que Jeff Bezos calcula sus ganancias por nanosegundo. Este monumental ahorro, nos cuentan, beneficia a 60 mil personas. Porque nada dice “filantropía” como una inversión de 450 mil dólares iniciales… una propina para la compañía, pero un dineral para el ciudadano de a pie.
La magia de la automatización, o cómo reemplazar al fontanero con un algoritmo
¿Y en qué consistió esta maravilla tecnológica? Pues en instalar válvulas especializadas, controladores y sensores de última generación en la zona poniente. Básicamente, le pusieron un sistema nervioso digital a las cañerías. El Sr. Esparza lo explicó con una perla de sabiduría moderna: “antes una persona tenía que ir a abrir y cerrar [las válvulas], porque está el factor humano que a veces se complica”. Vaya, vaya… ¿el factor humano es complicado? ¡Quién lo hubiera dicho! Menos mal que la inteligencia artificial de Amazon, famosa por su infalibilidad y cero sesgos, está aquí para salvarnos de nuestra molesta humanidad.
El funcionario fue muy enfático en aclarar que la Segiagua no puso un peso. Su contribución fue, aparentemente, la loable gestión de permitir que un privado invierta. “No es ningún esquema de operación privada para nada”, declaró, en una frase que sin duda estudiarán los futuros lingüistas por su maestría en el doble lenguaje. Ellos proponen, Amazon paga, pero todo es del gobierno. Suena a que alguien consiguió el trato perfecto: todo el crédito, ninguna de las facturas.
Y como todo buen primer capítulo de una serie, esto viene con una segunda temporada garantizada. Amazon ha prometido invertir 2 millones de dólares más este año. La meta es beneficiar a 500 mil capitalinos, principalmente del oriente. Porque, seamos sinceros, si hay algo que la zona oriente siempre ha necesitado es que un conglomerado tecnológico estadounidense gestione su suministro de agua. Es el sueño humedo de cualquier urbanista… nunca mejor dicho.
La joya de la corona es Xylem Vue, una plataforma de gestión inteligente que suena más a un hechizo de Harry Potter que a un software. Alojada en Amazon Web Services (AWS), esta maravilla monitoriza y ajusta la presión del agua en tiempo real. “Menos presión donde no se necesita. Menos fuga y más eficiencia”, proclaman. Un eslogan tan pegadizo que casi hace olvidar que el 40% del agua de la ciudad se perdía porque, al parecer, nadie se había molestado en medirla correctamente antes. Tomen nota: errores de medición y tomas irregulares. O, en cristiano, un desastre de gestión que ahora una empresa privada viene a arreglar.
Will Hewes, el Líder de Sustentabilidad del Agua en Amazon (sí, ese es su título real), soltó la perla del día: “gran parte de nuestra agua acaba fugándose”. ¡Tachán! Revelación del siglo. Su solución es optimizar la presión en las comunidades donde operamos. Una coincidencia maravillosa, sin duda. No es greenwashing, es… bueno, es exactamente greenwashing, pero con un resultado tangible de 2.500 millones de litros ahorrados al año, equivalentes a 131 mil albercas olímpicas. Porque ¿qué mejor unidad de medida para una crisis hídrica que una piscina olímpica?
Monterrey y Querétaro también están en el club. La tecnificación de los servicios públicos avanza a toda máquina, mientras nosotros nos preguntamos: ¿es esto el futuro o simplemente la externalización de lo que los Estados ya no pueden (o quieren) hacer por sí mismos? Da igual. Al menos el agua llega… por ahora.
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